Inicio DEFENSA José María Ferré, Embajador de España en Beirut: “Tradicionalmente el contingente español...

José María Ferré, Embajador de España en Beirut: “Tradicionalmente el contingente español ha tenido bastante aceptación en El Líbano”

Compartir
José María Ferré, Embajador de España en Beirut - © María Gilabert / Revista Casa Mediterráneo

El mayor contingente español en una misión en el extranjero se encuentra en El Líbano, un país donde se halla la misión más antigua de la ONU, la UNIFIL (United Nations Interim Force In Lebanon), en la que nuestro país desempeña un importante papel desde el plano militar y civil desde hace doce años.

Con el fin de conocer la labor de las tropas españolas en El Líbano, el pasado 15 de abril el Embajador de España en Beirut, José María Ferré, participó en un encuentro en la sede de Casa Mediterráneo en el marco del ciclo ‘Geoestrategia y el Mediterráneo’ coordinado por el General Demetrio Muñoz.

¿Cuál es el objetivo de la presencia militar española en El Líbano?

Desde el punto de vista militar, España participa en la UNIFIL, una fuerza de Naciones Unidas de Interposición que tiene un carácter provisional, lo que pasa es que a veces la provisionalidad se alarga en el tiempo. En 2006 hubo un conflicto muy serio entre Israel y El Líbano, pero sinceramente Israel para hacer frente a Hezbolah intervino, sobre todo en la mitad sur del Líbano, incluyendo los alrededores de Beirut, causando una gran destrucción de infraestructuras, como puentes, carreteras, centrales eléctricas, etc. El conflicto fue breve -duró unos dos meses- y se pudo parar gracias a la presión internacional y la actividad de Naciones Unidas.

El Consejo de Seguridad de la ONU decidió establecer una fuerza de interposición más amplia que la que había habido hasta entonces. La UNIFIL había empezado en 1978, después de una invasión del sur del Líbano por parte de Israel. En este caso se mezclaban muchas cosas, entre ellas el proceso de paz en la región. La finalidad de la resolución, que es la 1701, que establece la UNIFIL Plus, como se llamaba, es pasar del cese de hostilidades que se había conseguido a un alto el fuego, con un acuerdo formal. Entonces, hubo tres países europeos mediterráneos interesados en la región, Francia, Italia y España, que decidieron contribuir con sus tropas y su participación en la UNIFIL. La parte más dinámica y de mayor nivel de la UNIFIL la forman estos tres países y ahí está el interés europeo en especial de los países mediterráneos. Líbano también lo es, sus problemas graves siempre se han debido contemporáneamente a intervenciones extranjeras; en este sentido es un país “desproporcionado”.

Aunque un conflicto local podría aparentemente tener poca importancia, en realidad sí la podía tener, porque si Israel o Hezbolah seguían interviniendo podría haberse producido una guerra más seria en toda la región. Ésa es la finalidad. La cuestión es que se va prolongando en el tiempo, pero la UNIFIL también ha sido muy eficaz para pacificar la zona, que había pasado muchos años con muchísima tensión, sobre todo con la presencia armada palestina, que luego desapareció, y después hubo otra serie de problemas bastante serios. De hecho, la ocupación israelí en la zona no se evacuó hasta el año 2000. Y 2006 no queda muy lejos de esa fecha… Yo creo que la UNIFIL sí ha contribuido a pacificar la zona, también a que el Ejército libanés, que llevaba decenios ausente de esa región, volviera, aunque todavía tendría que regresar más… Es una zona que económicamente estaba muy mal y esto permitió que se empezara a recobrar. Ése es el papel de España, pero naturalmente dentro del contexto de otros países europeos mediterráneos.

¿Se trata del mayor contingente español en el exterior?

A fecha de hoy, sí. Éste es el primero y el segundo es el que hay en Irak, aunque son operaciones muy distintas.

José María Ferré, Embajador de España en Beirut: "Tradicionalmente el contingente español ha tenido bastante aceptación en El Líbano" en DEFENSA DESTACADOS
Encuentro en Casa Mediterráneo en torno a la ‘Misión en El Líbano’ – © María Gilabert / Revista Casa Mediterráneo

¿Cree que la opinión pública española es consciente de la importancia de este tipo de operaciones en el exterior? ¿Se llega a comunicar esta realidad a la sociedad y hay interés hacia estas acciones?

Las Fuerzas Armadas españolas llevan ya treinta y tantos años interviniendo de esta manera. En general en operaciones que tienen que ver con Naciones Unidas, pero luego también otras en el ámbito de la OTAN. Las que fueron muy conocidas y complejas fueron las que participaron en diversas actividades en la ex Yugoslavia. Creo que son operaciones que sí son conocidas. Por lo pronto, el Congreso de los Diputados debe autorizarlas; de hecho, fijó un cupo máximo de 3.000 militares españoles que podían estar en el exterior y hay debates parlamentarios que son interesantes. El Ministerio de Defensa también difunde mucha información de estas actividades y, al mismo tiempo, están muy presentes en las redes sociales.

En fin, como todo, la opinión pública no abarca el cien por cien de todos los temas. Creo que estas operaciones sí son conocidas, aunque profundizar al detalle puede ser más difícil. Esta operación está relativamente cerca de España, han pasado ya muchísimos militares a lo largo de estos doce años, lo cual también tiene una repercusión capilar a través de sus familias o de los lugares donde ellos viven cuando están en España. Yo creo que la sociedad española tiene un conocimiento razonable, quizás no ya al detalle, pero este tipo de operaciones incluso en la campaña electoral aparece en algunos debates y en algunos puntos programáticos.

Las tropas españolas en El Líbano están obteniendo muy buena fama entre la población civil, que valora el trabajo que desempeña allí.

El trabajo que hacen además del militar en el marco de una operación de Naciones Unidas, que esencialmente consiste en mantener la estabilidad en la zona en la parte este del Líbano -la zona oeste tiene un comandante italiano-, también es una actividad cívica, con la que se realizan pequeños proyectos de cooperación, pero que ya son muchos a lo largo de los años. También hay enseñanza del español, que la hacen voluntariamente algunos millares que tienen la capacidad de enseñar o la aprenden, sobre todo en colegios en la zona. Y la verdad es que tradicionalmente el contingente español sí ha tenido bastante aceptación entre la población en esa zona.

Beirut antes de 1970 era conocida como “la Suiza de Oriente Medio”, al ser un importante centro financiero y una ciudad moderna. Esta imagen que tenía la capital del Líbano, ¿cree que se va a poder restablecer a corto plazo o pesa su situación de inestabilidad?

La Suiza de Oriente Medio yo casi diría que es uno de los lemas turísticos del país. Se decía, y todavía se sigue diciendo, que en el mismo día se podía esquiar e ir a la playa, porque todo está muy cerca. El aspecto financiero que existía entonces también existe ahora, lo que pasa es que han surgido otros centros financieros en la región, como Dubai, pero la banca libanesa sigue siendo muy profesional e internacional, y en ese sentido se ha recuperado de algún momento más bajo que atravesó. La época de los sesenta la verdad es que suscita muchísima nostalgia entre la gente con más edad, por lo que quizás aportaba, relativamente, porque en el 58 hubo un conflicto bastante serio, una pequeña guerra civil en la etapa del nasserismo.

No obstante, es una época que suscita añoranza porque era pacífica, el país estaba progresando y había una situación bastante buena que iba a más. Al haber habido un corte muy rotundo y violento, esto hace que se añore todavía más. Lo que no sé es que si no hubiera habido ese corte, se añoraría tanto o se vería como un episodio más de la vida libanesa. Pero, en fin, esa situación pacífica y de ir avanzando en parte se ha ido recobrando. Ahora, el problema más bien es una crisis económica, pero también es cierto que en los años 60 no había un estado de bienestar que se estuviera formando, ni elementos que a lo mejor en países cercanos sí se estaban estableciendo.

Otro tema que también hay que recordar es que El Líbano gozaba de un nivel cultural muy alto, que sigue teniendo ahora. En los años sesenta tenía unas universidades muy buenas, a las que iba gente de toda la región, una imprenta muy destacada… Desde el punto de vista cultural estaban siempre en los primeros lugares del mundo árabe, y no sólo del mundo árabe. Tenían y siguen teniendo un aspecto muy cosmopolita, dominan varios idiomas muy distintos… hay muchos temas que se han conseguido recobrar, pero quizás con el fardo de la crisis económica que ahora es importante.

Un dato que me ha llamado la atención es la cantidad de personas que han salido del país por diversos motivos, entre ellos la guerra, y después no han regresado. De hecho, gracias a las remesas que envían estos emigrantes se sostiene en gran medida la economía del país.

La emigración desde El Líbano surge a finales del siglo XIX a raíz de algunas tensiones graves que hubo, pero probablemente de manera más destacada hace un siglo. Durante la I Guerra Mundial El Líbano formaba parte del Imperio Otomano, pero los turcos no consideraban que en general los árabes estuvieran a su lado, lo cual en parte era cierto porque buscaban un Estado árabe o al menos separarse del Imperio. Y en un momento muy duro, los turcos cerraron los puertos, hubo una hambruna importante y se produjo una ola de emigración grande, sobre todo a Iberoamérica. Y luego sucesivas oleadas.

Durante la última guerra civil muchísima gente se fue. Ha sido esencialmente por motivos de violencia, pero también por razones económicas. Los libaneses tenían bastante voluntad de progresar y formación, de modo que muchísima gente se fue. Quizás la característica fundamental es la gran facilidad que tienen de integrarse en otros países, así que la mayoría ha perdido muchos recuerdos. Uno sabe que alguien es de origen libanés por el apellido, que a veces lo transformaban para adaptarse más a la situación. Aunque también hay muchos que mantienen una vinculación con el pueblo de origen, compran una casa o envían remesas; no todos, pero muchos lo hacen. Y luego hay casos como el de Shakira, que es libanesa de origen, su padre es libanés, se llama Mubarak. Ella viene de Colombia, donde hay muchísimos.

Es un caso quizás único en cuanto a la gran desproporción, porque al final los que viven en El Líbano son pocos y los que viven fuera son muchos, puede haber unos 12 millones. Pero también es verdad que muchos de ellos han perdido probablemente toda vinculación, otros no. Ahora se está trabajando más intensamente en ver cómo se facilita el voto de la gente que vive fuera, el retorno a la nacionalidad si la quieren, va a haber un cupo, muy probablemente, de diputados del exterior en las siguientes elecciones…

Hay también que señalar una cosa curiosa y es que cuando emigran lo hacen hablando árabe, evidentemente, pero la siguiente generación lo suele perder bastante, entonces eso hace que el idioma más predominante sea el español y luego el portugués de Brasil. También ha habido oleadas importantes a África. Al mismo tiempo, hay una desproporción en cuanto al número de personas que ha tenido éxito económico, que está en condiciones de hacer más por el país. Esas remesas que vienen suelen estar bastante bien remuneradas, hay tipos de interés alto y eso facilita, obviamente, que haya un servicio bancario y financiero muy profesional.

José María Ferré, Embajador de España en Beirut: "Tradicionalmente el contingente español ha tenido bastante aceptación en El Líbano" en DEFENSA DESTACADOS
Imagen de UNIFIL – Fuente: unifil.unmissions.org

Otra cuestión importante es los refugiados que El Líbano acoge, procedentes de la Guerra de Siria y de otros conflictos circundantes. ¿Estos refugiados tienen allí un futuro, tienen cubiertas sus necesidades, posibilidad de trabajar o van por la proximidad con la perspectiva de volver a su país cuando la guerra acabe y la situación esté estabilizada?

Se dice que el número de refugiados que hay en El Líbano, en proporción con la población local, es el más alto del mundo. Si hay cuatro millones de libaneses y un millón y medio de refugiados sirios, es una proporción muy grande. ¿Por qué fueron? La proximidad y una frontera no muy controlada facilitó la cuestión. También hay muchos que iban como temporeros habitualmente y ya tenían costumbre de ir al Líbano. Desde luego, la idea de los libaneses, del gobierno y de las fuerzas políticas, es que tienen que volver.

El tema es que el Derecho Internacional señala que hay que volver en unas determinadas condiciones de seguridad, de voluntariedad y demás y eso quizás en este momento sea complicado debido a la destrucción que ha habido dentro de Siria, al régimen que controla buena parte del país… En fin, hay unas condiciones que no parece que se cumplan y eso provoca cierta tensión a veces con el Gobierno libanés, que sería partidario de que vuelvan como sea y, claro, desde fuera se dice que eso no puede ser.

Además, al principio parecía que esta situación iba a durar uno o dos años, pero al alargarse tanto, inquieta en El Líbano, que dice que ejercen una presión enorme sobre los escasos recursos. También es verdad es como fuerza de trabajo producen también, pero a la vez presionan a la baja los salarios, necesitan escuelas… De hecho, el Gobierno libanés suele decir que está muy bien que agencias de la ONU ayuden económicamente, pero que sería mejor que ayudaran dentro de Siria. El Líbano es un país muy pequeño territorialmente, como Navarra, y claro, les produce cierta inquietud.

Pero luego, aparte del asunto de los refugiados, se halla cuestión de los equilibrios comunitarios; se trata de un país de minorías, pero claro, existen hasta que dejan de existir, entonces, la aportación de un grupo que no van a nacionalizar, que es mayoritariamente sunita, inquieta a muchos que no lo son. También ocurrió cuando vinieron los palestinos, que eran mayoritariamente sunitas. Esto sí les produce ciertas inquietudes, y aunque sea más demagógico, se señala que están huyendo de un régimen político que está combatiendo a los yihadistas y la conclusión fácil es que muchos deben serlo y ahora los tenemos aquí dentro o somos un caldo de cultivo.

En fin, eso no ha sucedido, que se sepa, o de una manera extraordinariamente minoritaria, pero a algunos les preocupa. Tampoco ha habido tensiones odiosas contra ellos, pero ahí está. Y ciertamente respecto a Europa, con quien Líbano tiene en estos momentos una excelente relación, siempre hay la insinuación de que “nos hemos convertido en la puerta de entrada para que (los refugiados) no viajen a Europa, pero a ver qué hacemos si un día no podemos resistir más, como pasó hace unos años con los que se encontraban en Turquía ”. Es un tema que se ha ido haciendo más complejo, por situaciones que al principio son provisionales y cuando se van alargando en el tiempo se van complicando.

¿Cómo es a convivencia entre las diferentes religiones que coexisten en El Líbano? Porque hay una gran diversidad, unas 18.

Creo que el principal problema de convivencia ha venido por presiones extranjeras. La Guerra Civil no se puede explicar sin señalar que había presencia militar israelí, siria y palestina. Ahora mismo, el tema de los refugiados y las inquietudes que despierta en El Líbano no deja de ser también una intervención desde fuera. Luego, ciertamente hay tensiones nuevas, entre sunitas y chiítas, que provienen de la región. En El Líbano nunca había habido en especial este tipo de tensiones; salvo el hecho de que los chiítas eran quizás la comunidad con menos medios, la más pobre, y antes o después se veía que reaccionaría. Hay mucho, en Hezbolah y en grupos de su entorno, de reivindicación social y económica, que también existe en el chiísmo; de hecho, ellos mismos se llaman “desheredados” y tienen una visión muy pesimista sobre ellos mismos, de negro… Cuando se habla de las tensiones, surgen y ha habido, pero es que también dentro de los grupos de la misma comunidad a veces también hay tensiones muy fuertes y no hay una política única sunita, cristiana o drusa. Entonces, me parece que hay que matizarlo bastante.

Luego, en comparación con Europa, en El Líbano sí hay muchísima más intensidad de participación religiosa, eso sin duda. Pero también es cierto que esto se debe a la pertenencia a comunidades o a clanes en donde a falta de tener un Estado con el que se pueda contar mucho, suele haber un repliegue hacia ellas. En momentos de mayor tensión, el repliegue a la propia comunidad te puede facilitar la vida o prestar asistencia sanitaria, que el Estado no te va a proporcionar. Ahora sí hay una serie de garantías sanitarias o de seguros.

Luego hay otra cuestión que conviene tener en cuenta y es que el sistema electoral incentiva mucho la división comunitaria, porque a la hora de votar hay que elegir un determinado número de diputados que son cristianos, dentro de ellos los hay de una comunidad o de otra, es un número fijo. También es cierto que la comunidad cristiana más relevante, que es la maronita, tiene diputados de seis grupos distintos.

¿La convivencia entre las diferentes comunidades es buena? ¿Se llegan a mezclar?

Hay zonas, más apartadas de Beirut, que son más homogéneas. Lo que no hay es pueblos mixtos sunitas chiítas. Pero en Beirut, que abarca probablemente la mitad de la población, la gente está muy mezclada para estudiar, para trabajar… y surgen familias mixtas. Hace bastantes años, familias mixtas dentro de las comunidades cristianas era muy complicado que hubiera. Ahora empieza a haber algunas, muy pocas. Por ejemplo, una musulmana no se puede casar con un cristiano en ningún lugar del mundo. Y en muchos países, si eso sucede, incluso puede tener consecuencias violentas. Esto en El Líbano no desencadena esa sanción, en general. Quizás en algunos sitios no esté muy bien visto, pero no suele haber mayor problema.

El Líbano tiene fama de ser un país liberal en el mundo árabe.

Hay un partido que se llama Kataeb, que se identifica con los maronitas, cuyo actual jefe está casado con una musulmana, aunque muy sui generis, porque es una francesa musulmana y se casaron por la Iglesia en El Líbano. No digo que haya muchísimos matrimonios así, pero si esto sucede no tiene mayores consecuencias. En El Líbano, también lo que hay, dentro de una sociedad abierta, es una normativa legal que a veces es muy rotunda y que se utiliza de una manera bastante selectiva. Por ejemplo, respecto a los periodistas de repente hay un rasgado de vestiduras sobre alguno por una situación de tensión con alguien poderoso y lo detienen, aunque acaban poniéndolo en la calle.

Con Israel hay muchísima tensión en este sentido; está penado que un libanés tenga el más mínimo contacto con un israelí. Allí no sucede, pero coinciden muchísimo fuera. Y además muchas veces, en Estados Unidos, y se da el hecho de que de mentalidad no son tan distintos. Lo que sí se observa a veces es que de repente hay un rasgado de vestiduras con periodistas que dicen: “Podemos probar documentalmente, con fotos, que en un bar de Nueva York, hace dos años y medio estuviste tomándote una copa con un israelí”. Eso está penado, lo que pasa es que no se aplica. Por ejemplo, cualquier película que haya sido dirigida en Israel no se puede ver, pero el propio Ministro del Interior anterior empezaba ya a no aplicarlo, porque lo consideraba absurdo.

No se puede poner puertas al campo…

Efectivamente, porque por Internet entra todo, pero además, ¿qué sentido tiene? Y además que se haya hecho una película en Israel no significa que sea pro-israelí, sino quizás todo lo contrario. Sigue habiendo instrumentos que permiten censurar en la prensa, entonces surge bastante tensión, aunque comparado con otros países es muy superficial. No obstante, existen ideas sobre la difamación. Hay ministros que a la menor cosa que se le dice van a los tribunales, lo que contradice la idea que tienen ellos sobre sí mismos.

Por ejemplo, en cuanto a películas, se hace un festival anual de cine europeo, no de manera tan rotunda como en otros países pero hay una serie de temas o de imágenes que no se pueden poner, no saben explicar muy bien por qué, pero no se exhiben en un cine público. Ese tipo de cosas existe, pero creo no tiene especial relevancia en este momento.

Este año 2019 Alicante y Beirut comparten la Capitalidad Gastronómica del Mediterráneo. ¿Hay una gastronomía común entre estos países, usted que vive allí desde 2017?

Los ingredientes son los mismos, aunque la preparación es distinta. Allí también le dan mucha importancia, desde siempre, al aceite. El Líbano además ha ido desarrollando una producción de vino que está bastante bien. Es un tema que no plantea muchas tensiones. Se supone que los musulmanes no pueden beber, pero hay una gran producción y de calidad en algunos casos. No se suele tomar mucha carne de cerdo, pero más por una cuestión cultural, pero en fin lo demás es muy parecido. Hay mucha cultura gastronómica y un deseo de desarrollar la industria turística.