Inicio ACTUALIDAD Iván Esquiva: “España ha sido uno de los pocos países coherentes con...

Iván Esquiva: “España ha sido uno de los pocos países coherentes con su posición hacia Kosovo”

Compartir
Iván Esquiva - © María Gilabert / Revista Casa Mediterraneo

El conflicto armado que sacudió los Balcanes entre 1991 y 2001 acaparó la atención mediática internacional, que asistía atónita a espeluznantes masacres y crímenes de guerra en pleno corazón de Europa. La guerra, que afectó en distinta medida a cinco de las seis repúblicas yugoslavas -Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Serbia (Kosovo) y Montenegro -, desembocó en la desintegración de la antigua Yugoslavia, que tuvo que emprender la ardua tarea de recomponerse y retomar la convivencia entre etnias religiosas separadas por terribles matanzas.

Casi treinta años después del inicio de la guerra, el devenir de estos jóvenes países ha quedado apartado de la agenda de los grandes medios. Con el fin de dar a conocer la situación actual de esta parte del mundo, el pasado 25 de enero Casa Mediterráneo organizó la charla “La Europa olvidada: Los Balcanes 25 años después” con la participación de reconocidos especialistas en la zona, entre ellos, Iván Esquiva, experto asesor de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) en Serbia y Kosovo desde 2001 hasta 2018.

¿En qué consisten las misiones de la OSCE en Serbia y Kosovo?

Los mandatos eran bastante diferentes, en Kosovo se trataba de un mandato ejecutivo, mientras que en Serbia era un mandato de apoyo y asistencia. La misión de la OSCE en Kosovo estaba integrada en la misión de administración interina de Naciones Unidas establecida después de 1999 por una Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. La OSCE era parte de un sistema de pilares para organizar Kosovo: policía, refugiados, instituciones democráticas -asignado a la OSCE- y economía -a la Unión Europea-.

En aquella época la estrategia de la comunidad internacional consistía en intentar mejorar la autonomía y el autogobierno de Kosovo después del conflicto. La misión de la OSCE consistió en establecer las instituciones democráticas a través de elecciones. En el año 2000 se celebraron los comicios municipales y nos encontramos con muchos problemas porque parte de la población, los serbio-kosovares, no participó en el proceso, no había censo,… Y en 2001 tuvieron lugar las elecciones generales, en las que se tenía que configurar el Parlamento y el resto de las instituciones de una administración transitoria hasta que en un futuro próximo se determinase el estatus final de Kosovo.

Yo llegué en 2001 al departamento de elecciones y mi trabajo principal consistía en registrar a todos los votantes. El tema de las minorías étnicas era bastante complejo porque durante el conflicto los serbios habían hecho muchas barbaridades a los albano-kosovares, tras la guerra los albano-kosovares hicieron lo mismo con los serbios y entre medias estaban los gitanos, los ashkalíes… unas minorías étnicas de las que no había oído hablar en mi vida, que también sufrieron mucho. El mayor escollo era que las minorías participasen en esos procesos, porque no creían en nada, y los mayores esfuerzos de la OSCE durante esos años se centraron en tratar de integrarlas para establecer una democracia funcional, con instituciones que prestasen los servicios básicos. La comunidad internacional era la que mandaba, básicamente era el gobierno interino durante esa época.

En Serbia la misión comenzó en 2001 después de su readmisión en la OSCE de la que había sido expulsada en 1992, pero era de apoyo, para mejorar las instituciones que ya existían. En la OSCE el proceso de toma de decisiones es bastante complicado, ya que éstas se tienen que adoptar por unanimidad de todos los países, aunque se admite al menos una discrepancia. Esta regla hace imposible que salgan adelante muchas decisiones.

Con Serbia la misión es mucho más sensible, de modo que no se puede ser muy crítico sin ser constructivo al mismo tiempo, y hay que actuar con mucha sutileza. Por ello, esta misión es totalmente diferente a la de Kosovo; la de Serbia tiene un carácter asesor. El mandado de Kosovo era mucho más sencillo: sabías lo que era correcto, simplemente llegabas y lo hacías. Los locales lo tenían que asumir en esa época transitoria. Luego la situación ha cambiado y se han transferido competencias. Kosovo de iure no es un Estado, pero de facto sí lo es. Posee sus instituciones y ahora ya no tiene la necesidad de antaño de escuchar y ejecutar al pie de la letra lo establecido por los actores internacionales.

En la época en la que estuve allí era mucho más fácil llevar los planes a cabo, eso sí, en un contexto muy complicado como se puede imaginar después de un conflicto, con toda la animadversión existente, no sólo entre serbios y albano-kosovares, sino entre éstos y los distintos clanes/grupos regionales que ya antes de la guerra estaban a la greña. Al principio, con un enemigo común, los serbios, era más fácil manejar la situación, pero a medida que éstos han dejado de ser percibidos como el enemigo común -muchos se han marchado de Kosovo, sólo queda un 10%-, han empezado a resurgir los conflictos entre los distintos clanes/grupos. Y los líderes políticos pertenecen también a clanes/grupos diferentes, hay muchos problemas y pienso que la comunidad internacional se ha dado cuenta de ello muy tarde.

Iván Esquiva: "España ha sido uno de los pocos países coherentes con su posición hacia Kosovo" en ACTUALIDAD
De izquierda a derecha, los ponentes de la charla: Javier Hergueta, Demetrio Muñoz, Sonia Marco (moderadora) e Iván Esquiva – © María Gilabert / Revista Casa Mediterráneo

Serbia no reconoce la independencia de Kosovo (autoproclamada en 2008), a la que considera una provincia autónoma. Estados Unidos y muchos países de la UE reconocen su independencia, pero otros no, entre ellos España…

España ha sido uno de los pocos países coherentes con su posición. Junto con Grecia, Rumania, Eslovaquia y Chipre son los únicos países de la Unión Europea que no lo reconocen. España siempre ha mantenido que reconocerá a Kosovo en cuanto Serbia, el país del que Kosovo es una provincia autónoma, lo reconozca. La Resolución 1244 del Consejo de Seguridad de la ONU así lo establece. No será un país legalmente sobre el papel hasta que el Consejo de Seguridad y la Asamblea de Naciones Unidas lo admitan. Ahora se está debatiendo sobre una posible solución: la partición de Kosovo. En el norte de Kosovo, desde Mitrovica hacia arriba, hay una zona bastante homogénea de serbios, y en el sur de Serbia colindando con la línea administrativa de Kosovo hay un territorio bastante homogéneo de albaneses. Y se está hablando de un intercambio de territorios para solucionar el asunto. No es una idea nueva, ya surgió en el año 2001 con el Primer Ministro Zoran Djindjic, al que asesinaron.

Son territorios colindantes, pero hay un problema gigantesco: la mayor parte de los serbios, aunque estén separados, vive en el sur, donde hay 60.000. Además, en la zona donde se encuentran los albaneses pasa el corredor 10, la autopista que une los puertos de Grecia con Hungría y Austria. Y en la zona norte, mayoritariamente serbia, están el agua y la electricidad que abastecen a Kosovo.

Esta propuesta se está planteando en términos muy generales, pero sin ofrecer detalles de cómo pretenden llevarla a cabo. Serbia y Kosovo saben que la Unión Europea ha puesto como condición que la cuestión tiene que resolverse, pero es una tarea muy compleja. Por la parte Serbia, si hay alguien capaz de hacerlo ahora es el actual Presidente, Aleksandar Vučić, que tiene el control del poder ejecutivo, legislativo y judicial, así como de los medios de comunicación, tanto públicos como privados. La comunidad internacional está pasando por alto toda esta concentración de poder en Serbia debido a que prima el interés por la resolución de la situación de Kosovo.

En Kosovo, el Presidente, Hashim Thaçi está de acuerdo con la partición, pero el Primer Ministro, Ramush Haradinaj, se opone. De modo que el principal escollo no es Serbia per se, sino el propio enfrentamiento dentro de Kosovo, y desde el exterior un país tan importante como Alemania, cuya Canciller se ha opuesto a soluciones que lleven a homogeneizar étnicamente territorios.

¿Cuál es la situación económica de Serbia?

Hay grandes desigualdades entre la población. Se han producido avances, han llegado ayudas de la Unión Europea, del Fondo Monetario Internacional, inversiones de Emiratos Árabes Unidos… pero, como siempre, lo que falla es la distribución de la riqueza. Hay redes clientelares alrededor de los poderes fácticos que se están enriqueciendo de manera obscena, mientras que la mayor parte de la población está perdiendo poder adquisitivo y no llega a fin de mes. La clase media tal y como la conocemos en la UE prácticamente es inexistente.

La crisis económica, los altos niveles de desempleo y la corrupción ¿constituyen un caldo de cultivo para el auge de los nacionalismos?

El Presidente, Aleksandar Vučić, es un nacionalista reformado. Era el Ministro de Propaganda de Milošević durante los años 90 y fue un dirigente del Partido Radical de Vojislav Seselj, quien estuvo detenido 11 años en el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia de La Haya. Aunque finalmente no fue condenado en primera instancia, tras la apelación de los fiscales sin embargo, fue condenado a 10 años por crímenes contra la humanidad, pero puesto en libertad por el tiempo servido. Vučić rompió con el Partido Radical y creó su propia agrupación, el Partido Progresista, desde el que dirige y controla las instancias del país. En mi opinión, sigue siendo un nacionalista con piel de cordero.

Ha habido manifestaciones de protesta por el asesinato en enero de 2018 del político sebokosovar Oliver Ivanović en el norte de Kosovo, que se iba a presentar a las elecciones y era el único rival serio de los aliados del Presidente Vučić en Kosovo. El crimen aún no se ha resuelto, hay muchas especulaciones al respecto, pero allí campa la impunidad. La zona norte de Kosovo es como Dodge City, la ciudad sin ley, donde el crimen organizado lo controla todo, tanto el albanés como el serbio. En el crimen organizado no hay nacionalismos, el dinero va de un lado a otro, el tráfico de drogas, de mujeres, de armas,… Allí hay muchos intereses oscuros que se oponen a que se solucione el asunto.

En Serbia a otro político de la oposición le pegaron una paliza recientemente y a partir de entonces, la oposición, que agrupa a nacionalistas, anti-nacionalistas y partidos de muy distinto signo a quienes sólo une su rechazo al gobierno personalista de Vučić, cada sábado celebra una manifestación en Belgrado, que ha ido incrementado el número de participantes. La última fue el sábado pasado, con un frío tremendo, y congregó a casi 70.000 personas.

En sociedades tradicionales y patriarcales como las balcánicas, ¿cuál es la situación de la mujer y de colectivos como el LGTB?

La crisis del socialismo supuso una involución hacia los valores tradicionales. Hay bastante machismo, la violencia doméstica es un grave problema aunque los números no lo evidencien, ya que no se denuncia. El colectivo LGTB ha mejorado un poco. De unos años a esta parte se está pudiendo celebrar el Día del Orgullo Gay. Antes había auténticas batallas campales entre la policía y hooligans anti-LGTB. Y el Presidente serbio, que es un político muy inteligente, nombró como Primera Ministra a una mujer abiertamente homosexual, Ana Brnabić, aunque realmente su peso político es muy limitado.

¿Las huellas de la guerra siguen presentes en las infraestructuras y en el sentimiento de la población?

En Serbia las infraestructuras esenciales que fueron bombardeadas por la OTAN están casi todas reparadas. El impacto de este bombardeo fue enorme. En Belgrado bombardearon el centro de la ciudad, ministerios, las refinerías de petróleo, varios puentes sobre el Danubio en Novi Sad, cortando la electricidad, el alcantarillado, el agua… Dejaron sin reformar algunos edificios para mostrar los efectos de la guerra, como el Ministerio de Defensa, que exhibe grandes boquetes por el impacto de dos misiles.

En Bosnia, en Sarajevo todavía se ven los edificios con los agujeros de bala, de cohetes… da mucha impresión. Allí es todavía muy espectacular. Sarajevo sufrió un sitio de casi tres años y medio. Desde las montañas circundantes todos los días se producían disparos. Han hecho el Museo de la Guerra en la calle principal, la tristemente famosa avenida de los francotiradores. Aún quedan muchas marcas.

En cuanto a la gente, existe bastante rencor entre todos, es normal, se produjeron auténticas barbaridades. En Sarajevo durante el sitio la gente para sobrevivir tuvo que llegar a unos extremos difíciles de asimilar… A personas de todas las nacionalidades que habían convivido sin problemas durante cuarenta años, con matrimonios mixtos, de un día para otro les preguntaban en el autobús su apellido, les sacaban y les pegaban un tiro en la cabeza. Llevará todavía tiempo superar todo aquello.