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Emna Jeblaoui: “La democracia no consiste sólo en alcanzar el poder a través de las elecciones, sino en mostrar el valor de la libertad y hacerla respetar”

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Emna Jeblaoui - © María Gilabert / Revista Casa Mediterráneo

Emna Jeblaoui, una de las fundadoras y directora del Instituto de Desarrollo Humano de Túnez, participó el pasado 29 de mayo en una nueva sesión del ciclo ‘Mujeres y el Mediterráneo’, en la que abordó con tremenda perspicacia la situación de los derechos humanos, y en particular los de las mujeres, en las sociedades que vivieron las llamadas “Primaveras Árabes”, así como la lucha de los movimientos cívicos como el que lidera contra la radicalización islámica.

Jeblaoui es doctora en Estudios Islámicos y, en la actualidad, tras hacer un paréntesis en su labor docente universitaria, que ha desempeñado durante 19 años, dirige el Instituto de Desarrollo Humano, una ONG emergente de segunda generación, centrada en la creación de redes de mujeres líderes para la paz, que apuesta por la desradicalización, la promoción del diálogo democrático y la formación política en un país que se está erigiendo como modelo de democracia en el mundo árabe.

El instituto ha recibido el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) con el que ha llevado a cabo un importante programa dirigido a la formación de niños y adolescentes en la tolerancia y en contra del extremismo islámico, un debate que no se aborda abiertamente ni en las escuelas, ni en el seno de las familias.

Las llamadas “Primaveras Árabes” crearon altas expectativas de cambio, pero éstas fueron realmente exitosas en muy pocos países, entre ellos Túnez, y en la mayoría desembocaron en fracaso, como en Siria, Yemen o Libia. ¿Estas protestas sociales han logrado mejorar la situación de los Derechos Humanos de la población en general y de la mujer en particular en Túnez? ¿Y en otros países árabes?

Gracias por plantear esta pregunta, creo que es muy importante porque abordar la situación de la mujer y de los Derechos Humanos tras lo que fue denominado “Primaveras Árabes” trae ahora nuevas reflexiones de lo que pasó. Normalmente hablamos más sobre revolución y protestas populares. Y, como puede apreciarse con lo sucedido en Yemen, Siria o Libia, realmente no es un tiempo de primavera. De modo que sí, hubo grandes expectativas, creímos que el movimiento de la gente en las calles pidiendo libertad sería respondido y respetado, pero resultó mucho más complicado de lo esperado.

Tampoco se trató de un “invierno”, sino más bien de unas grandes protestas sociales, populares, que trajeron consigo cambios políticos. Prefiero hablar de una transición política en Túnez que de una “primavera”, en el sentido de que algunas cosas están mejorando, otras no están yendo bien, como la transición económica que no está produciéndose, lo que resulta muy duro. La gente no ve prosperidad y en estas circunstancias no es fácil convencer a las personas de que la libertad es buena, si pasan hambre. Hay una naciente democracia en esta nueva experiencia de libertad en Túnez. Podemos decir que ha habido elecciones libres desde el año 2011, el proceso de aprendizaje de una democracia es largo, las transiciones pueden necesitar periodos de diez o veinte años…

En cuanto a lo que estos acontecimientos trajeron a las mujeres, antes de 2011 éstas consiguieron mucho a través de los movimientos feministas, ONG fuertes en su lucha por la igualdad. Y tras 2011, sus voces fueron más escuchadas, en la manera en la que estos grandes movimientos y sus militantes obtuvieron algún tipo de garantías en la nueva Constitución. La Constitución de enero de 2014 no es perfecta, pero tiene artículos y garantías para la igualdad. Podemos hablar de más de un artículo que incluye el término “paridad”, una nueva palabra, que incluso es más fuerte que “igualdad”. Paridad significa que queremos que haya la mitad de hombres y de mujeres, por ejemplo, en las listas electorales de los comicios locales. Hemos alcanzado este nivel. Actualmente, en el Parlamento tenemos más de un 35% de mujeres. En octubre habrá nuevas elecciones parlamentarias y la situación será la misma, ya que los partidos están presionados para presentar listas igualitarias, con un 50% de mujeres y un 50% de hombres. Éste es uno de nuestros logros, pero no es suficiente.

A veces nuestros partidos políticos escogen a las mujeres no por su condición fuerte, independiente y competente, sino por vínculos familiares. De modo que muchas de las mujeres que aparecen en las listas no son las más combativas o las mejor preparadas. No tenemos el escenario perfecto, pero en cualquier caso es muy positivo tener mujeres en diferentes comisiones del Parlamento, porque aunque no estén ahí por meritocracia, al final son mujeres que están desempeñando un duro trabajo. Tiene que mejorarse, pero supone un gran logro.

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Encuentro con Emna Jeblaoui en Casa Mediterráneo, entre la la periodista Sonia Marco y la intérprete Natalia Molinos – © María Gilabert / Revista Casa Mediterráneo

¿Cómo se encuentra el debate legislativo sobre el tema de las herencias en Túnez?

Estamos luchando por conseguir una ley que garantice la equidad en la recepción de las herencias, un asunto de enorme importancia. El año pasado se creó una comisión en la que un fuerte grupo apostaba por que el padre de familia pudiera disponer de dos opciones: otorgar a sus hijas la mitad de la herencia y la misma proporción a sus hijos; o continuar teniendo la clásica interpretación humana en esta decisión. Nosotros intentamos ofrecer en esta proposición la posibilidad de la división igualitaria, de modo que al menos pueda comenzar a haber cierta equidad en el ámbito de la herencia. Pero en este momento, quizás porque no estamos lejos de la próxima cita electoral, seguimos trabajando en ello.

Es la primera vez que se discute este asunto en un país árabe, pero resulta muy duro, porque está relacionado con el dinero, no sólo con ideas religiosas o conservadoras. Abre el debate del gran desequilibrio existente entre hombres y mujeres, porque éstas desde hace cientos de años obtienen o la mitad de la herencia o nada. Necesitamos seguir todavía un largo camino de defensa y pedagogía para hacer comprender a la gente que es bueno para la sociedad tener una mejor distribución del bienestar entre hombres y mujeres.

La incorporación masiva de la mujer a la educación universitaria y al trabajo, lo que conlleva emancipación e independencia económica, ¿son hechos bien vistos por la sociedad tunecina?

Creo que es importante porque la vida está siendo cada vez más cara en cualquier lugar. Tenemos dificultades con el dinar tunecino, nuestra moneda local, que actualmente es más débil que en el pasado. Su valor ha disminuido en comparación con los dólares americanos o euros. El dinar tunecino está experimentando un colapso, que repercute en las importaciones de productos industriales, informáticos, médicos… Todo esto está resultando cada vez más caro para los tunecinos. Esta situación nos hace replantearnos la metodología de cómo liderar la Transición. Normalmente digo que desde 2011 nuestros líderes políticos se han enfocado en la misma línea acerca de la Transición política, pero no se han centrado lo suficiente en la prosperidad de la sociedad civil.

Hemos tenido discusiones regulares con líderes políticos. Ésta es una de las cosas buenas que ha ocurrido tras la revolución: puedes dialogar con los miembros del Parlamento, reunirte con las comisiones, en ocasiones tener acceso a ministros para exponer tus opiniones. Es un momento muy sensible y frágil, económicamente hablando. Obviamente, hay otros retos relacionados con nuestros vecinos, especialmente en el lado libio. Tenemos que fijarnos un poco más en el Sur, pensando también en nuestros amigos de África Occidental, que no están lejos del sur de Argelia o Libia, de donde proceden movimientos migratorios que huyen de la falta de agua, de trabajo, de problemas vinculados con el cambio climático… Tenemos que afrontar estos problemas de una manera global, incluso junto a nuestros amigos del Mediterráneo, ofreciendo oportunidades a la gente joven en estas áreas, de manera que puedan permanecer en sus propios países y disminuir el flujo de migración.

Ahora los inmigrantes están usando la débil frontera libia y no todos tienen buenas intenciones. Algunos grupos, aunque no sean muy numerosos, están relacionados con milicias armadas, así que debemos tener cuidado pero, al mismo tiempo, tenemos que ser respetuosos hacia estos seres humanos que esperan comenzar una nueva vida. Hay grandes retos.

Los movimientos de mujeres en Túnez no sólo luchan por la igualdad, sino también contra el radicalismo islámico. ¿Cómo es esa labor?

No siempre. Debes saber que tenemos un Partido Islámico conservador, que se presentó a las elecciones en 2011, fue un momento muy desafiante porque no sabían cómo hacerlo. Solemos recordarles que cometieron algunos errores, uno de ellos, que fueron demasiado abiertos a grupos salafistas, algunos de los cuales estaban caracterizados por la violencia extrema y cometieron acciones dañinas desde 2012. Más tarde, en agosto de 2013, el Gobierno lo ilegalizó, pero fue tras un año y medio recordándole que este grupo actuaba al margen de la democracia y la libertad. Hay un trágico suceso: en septiembre de 2012 atacaron la Embajada estadounidense, algo horrible e inaceptable, pero que ocurrió.

Este tipo de sucesos nos ayudó en el sentido de que evidenció que la libertad es muy importante y que no debemos ser laxos con los grupos violentos. Procedo de grupos de derechos humanos y doy importancia al respeto de la libertad de religión y de pensamiento, pero hay una línea entre respetar tu libertad de religión y no dañar la libertad de otros que no piensan como tú, creen en otra religión o prefieren vivir otro tipo de vida diferente a la tuya.

Todavía nos encontramos en un momento muy desafiante a nivel global, con comunidades musulmanas en cualquier lugar del mundo, incluso en Europa. Y debería hacerse algo al respecto, como una Conferencia Mundial sobre Islam y Libertad, no sobre Islam y Democracia, porque ya lo hemos probado, una democracia con partidos islámicos democráticos en el poder. Se trata de abrir el debate: la democracia no consiste sólo en alcanzar el poder a través de las elecciones, eso no es difícil, ya hay una base, sino en mostrar el valor de la libertad y hacerla respetar. Es un reto que podemos alcanzar.

El artículo 6 de la Constitución habla de la libertad religiosa, pero todavía no existe una ley que proteja a las personas no musulmanas. No obstante, la ley no sería suficiente; necesitamos educación y que en los programas educativos nuestros hijos aprendan a ser tolerantes porque tenemos varias minorías, ortodoxos griegos, protestantes, judíos, agnósticos,…

De alguna manera, todas estas personas se ocultan, no muestran sus creencias. En 2019, en esta democracia es tiempo de abrir el debate y de dejar de avergonzarse de estos asuntos. Llevará tiempo, pero creo que es importante proteger a estas minorías y que la mayoría musulmana no las tema. Este tipo de asuntos debe ser debatido y forma parte de la falta de debate a nivel global sobre qué hacer con la comunidad musulmana sin que se perjudique la libertad de otras comunidades religiosas, y deje de haber una especie de competición permanente.

El Corán, en esencia, no es un texto que discrimine a la mujer. Es la interpretación de los hombres la que coloca a la mujer en una posición de inferioridad e insumisión. ¿Hay una revisión del Corán en las sociedades árabes encaminada a recuperar una lectura más real del Corán?

Como sabes, tengo un doctorado en Estudios Islámicos, y he dedicado 20 años de mi vida trabajando sobre textos relacionados con la vida del Profeta, la tradición, el islamismo… y sé que mucho de lo que es considerado hoy en día como ley islámica no es más que una interpretación masculina de algunas fuentes. Algo tiene que hacerse para revisar todos los textos, a través de los ojos de mujeres y de investigadores modernos, antropólogos, historiadores, arqueólogos… y no quedarnos con la interpretación de viejos liderazgos conservadores, como Ansar y compañía, porque mucho de lo que se ha hecho puede ser bueno en algunas cuestiones técnicas, pero muchos de los programas de las escuelas todavía son muy conservadores. Necesitamos nuevos imanes y líderes religiosos más modernos y tolerantes.

Si realmente estamos preocupados por la felicidad y la libertad en el área mediterránea debemos empezar a hacer algo al respecto, no sólo esperar a que estas viejas y, en ocasiones, arcaicas instituciones traigan la solución.

¿Cuál es el objetivo del Instituto de Desarrollo Humano de Túnez, que usted dirige?

Creé el Instituto de Desarrollo Humano en 2013, dos años después de los cambios. De alguna manera, desde el año 2011 tras observar las protestas populares en la calle, las campañas de defensa, la firma de peticiones… me di cuenta de que no era suficiente. Como el espacio era cada vez más libre, y ojalá lo siga siendo, junto a unas amigas fundé una ONG que trabajara la educación de una forma entretenida. Una de nuestras ideas era crear programas de formación y herramientas más divertidas que las antiguas, que resultaran atrayentes para la gente joven. Somos una nueva generación de ONG en el Norte de África.

Trabajamos mucho con vídeos de entre 5 y 12 minutos, que subimos a nuestro canal de Youtube. Nuestra segunda prioridad era involucrar al sector privado para impulsar la Responsabilidad Social Corporativa (RSC). Esto es todo un reto en Túnez porque tenemos un buen sector privado y la idea de la RSC es todavía nueva; la reivindicación surgió en 2013 y tan sólo desde el año pasado existe una ley al respecto, que aunque no sea muy clara al menos hace pensar a las empresas en involucrarse en la mejora de la comunidad y de sus propios empleados. En las sesiones de formación con los adolescentes nos financian la pausa del café, lo que supone un comienzo para formar parte de este proyecto de prevención del terrorismo.

Tengo que transmitir mis elogios y agradecimiento especialmente a la AECID (Agencia Española de Cooperación al Desarrollo) en Túnez – Embajada de España, que fue la primera que apoyó el trabajo del instituto. En 2016 recibí la visita de dos trabajadores de la AECID a una de mis conferencias, un encuentro importante al que asistió el Ministro de la Mujer, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y Women Peace and Security, que giró principalmente en torno a la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de la ONU. Contactaron conmigo tras la conferencia y me dijeron que ésta era una prioridad para España.

Llamamos al proyecto “Women for Peace and Security” (“Mujeres por la Paz y la Seguridad”) y concluyó recientemente con la presencia del Embajador de España en Túnez y representantes de la AECID en el país. Entrenamos a más de 120 policías y a más 50 profesores de educación civil, lo que creó una fuerte red de lo que llamamos “Embajadoras de la Paz”. Todas estas personas están haciendo un gran trabajo en sus comunidades, usando los vídeos que hemos elaborado y abriendo debates con la gente joven sobre terrorismo, de una forma distendida y distinta a lo que había hasta el momento.

Hemos descubierto que los adolescentes son muy abiertos y creativos. Y nos dicen que nadie les toma en serio fuera de estas aulas. Sus padres no abren el debate sobre el extremismo violento en sus casas y la educación formal en educación cívica tampoco lo aborda abiertamente, porque los propios profesores con frecuencia tienen miedo de tratar temas tan sensibles. Nos dicen que las sesiones que les ofrecemos en los colegios constituyen los únicos momentos en los que realmente pueden pensar y dar su punto de vista sobre el terrorismo. Es una experiencia muy importante, un proceso de constante aprendizaje para nosotros también. El proyecto lo hemos llevado a cabo durante dos años con la cooperación española. Ahora tenemos otras iniciativas, y estamos discutiendo un segundo proyecto con la AECID enfocado en la juventud y, quizás, su participación en la vida política.

También tenemos unos pequeños programas de índole económica, para ofrecer oportunidades de generación de ingresos a hombres y mujeres a través de la artesanía, que es un conocimiento precioso que proporciona capacitación a 50 empresarios, el 60% de los cuales son mujeres, formación en diseño basado en estándares internacionales, nociones de exportación, especialmente hacia Estados Unidos. No queremos ser una ONG clásica, sino una organización de segunda generación en Túnez que ofrezca oportunidades reales a nuestros beneficiarios, no sólo palabras y conciencia, lo que es importante pero no suficiente, especialmente en un país donde la gente está teniendo problemas económicos.

Creemos que las ONG podemos contribuir a poner a las personas en el camino hacia las oportunidades, haciendo de enlace entre el sector público y el privado, y siendo parte de este proceso. Esperamos poder continuar este trabajo y el debate sobre temas concernientes a la mujer en el área mediterránea con más cooperación e intercambio con nuestros amigos españoles.

Más información sobre el IDH, en su página web