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Salima Ghezali: “Las mujeres argelinas han alcanzado nuevos derechos, unidos a retrocesos en la mentalidad”

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Salima Ghezali - © María Gilabert / Revista Casa Mediterráneo

La periodista y escritora argelina Salima Ghezali es una reconocida activista de los derechos humanos y en particular de los derechos de la mujer. Comenzó su carrera periodística en la revista Nyssa y ha desarrollado un papel muy destacado en el movimiento feminista de Argelia como fundadora de la asociación de Mujeres en Europa y el Magreb y presidenta de la Asociación para la Emancipación de la Mujer.

Desde 1994 se puso al frente del semanario La Nation, convirtiéndose en la primera directora de un periódico en el mundo árabe. Su postura pacifista durante la guerra civil argelina (1991 – 2002) la colocó en el punto de mira tanto de las autoridades como de los grupos radicales islamistas y le costó el cierre de su publicación en 1996.

En 1997, el Parlamento Europeo reconoció su labor en defensa de la democratización de su país y el avance de las libertades en el Magreb otorgándole el Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia y ese mismo año recibió el Premio Olof Palme por su lucha a favor de los derechos humanos y la democracia. Salima Ghezali participó el pasado 14 de diciembre en el ciclo ‘Mujeres y el Mediterráneo’, organizado por Casa Mediterráneo, para dar a conocer la actual situación de la mujer y el estado de las libertades en Argelia.

El semanario La Nation, del que usted era editora, fue prohibido en 1996 en plena guerra civil argelina. Además de ser objeto de censura, ¿cómo afectó este conflicto a los periodistas?

Alrededor de un centenar de periodistas fue asesinado durante la guerra civil. Los informadores sufrieron censura, inseguridad y muchos problemas. La mayoría prefirió huir del país y aquellos que optaron por quedarse en Argelia tuvieron que trabajar en condiciones muy difíciles. Nos obstante, también tengo que remarcar que un buen número de periodistas trabajó para el régimen.

En la actualidad, tenemos muchos problemas con las autoridades en relación con la censura. De hecho, la semana pasada varios periodistas fueron encarcelados por ejercer la libertad de expresión. Se suele recurrir a la difamación para justificar este tipo de arrestos. Las amenazas no son las mismas que en los años 90, pero hoy en día sigue siendo difícil ejercer esta profesión ante la prolongada y profunda crisis que vive el país, en todas las esferas, política, económica, de valores… y del propio régimen.

¿Las autoridades no aceptan las críticas? 

Las aceptan. Desde fuera se percibe que Argelia goza de libertad de expresión, pero cuando la prensa analiza los niveles reales de poder y aborda casos concretos de corrupción, dando nombres, resulta muy duro. Los periodistas recientemente encarcelados publicaron informaciones relacionadas con casos de corrupción de altos responsables dentro del régimen y se les acusó de difamación y de otros cargos.

¿Cuál es la situación actual de la mujer en Argelia?

Teniendo en cuenta cuál es la situación de los periodistas, puedes hacerte una idea de cómo será la de la mujer, no mucho mejor. Se produce el mismo contraste que entre la libertad de expresión y la existencia de muchos medios, pero cuando intentas encontrar información real, no la encuentras. Puedes hallar todo tipo de comentarios y críticas, muchos de ellos bastante duros, pero se quedan en el aire. Si proporcionas datos reales en los que basas tus análisis y tus informaciones resulta muy arriesgado.

Las mujeres han alcanzado nuevos derechos, en el papel y a veces en la vida real, pero al mismo tiempo se han producido retrocesos en la mentalidad. De modo que la situación actual está llena de contrastes.

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Salima Ghezali, junto a Sonia Marco, en el encuentro celebrado en Casa Mediterráneo – © María Gilabert / Revista Casa Mediterráneo

¿Cuál es la razón de esa marcha atrás en los derechos de las mujeres?

La gente joven ahora es más dinámica y más conservadora en ciertos aspectos, por la propia evolución de la sociedad, que se está moviendo demasiado deprisa. Para las mujeres de mi generación es duro comprobar cómo las chicas jóvenes son más conservadoras. Nosotras luchábamos por la libertad en circunstancias difíciles, mientras que hoy en día las chicas, que gozan de mayores comodidades, se refugian en valores tradicionales. Resulta contradictorio. En el ámbito de la educación trabajan más mujeres que hombres, en la universidad las estudiantes sacan mejores notas que los chicos, en el sector sanitario el nivel de las profesionales es superior, en el mundo del periodismo y en la justicia van escalando posiciones… Por las calles de las ciudades se ve a más mujeres que a hombres, pero por las noches la realidad es muy distinta.

Por un lado, cada vez la mujer ocupa más espacios en la sociedad, con presencia cualificada en sectores como la policía, la guardia civil, el Ejército… y por otro lado, se observa una creciente tendencia conservadora, apoyada por el régimen. Se da un interesante crisol de comportamientos, derechos, libertades y retrocesos. Si buscas una respuesta clara sobre la situación de la mujer, no la encontrarás. Hay mujeres que casi no tienen derechos y otras que son más poderosas que los hombres.

El pasado verano una joven argelina denunció que había sido insultada y agredida por salir a correr antes del fin del ayuno del Ramadán. A la semana siguiente, cientos de mujeres salieron a correr por las calles de Argel y Constantina en solidaridad con ella. ¿Este tipo de movilización de las mujeres es frecuente en Argelia?

Éste es uno de los problemas de los medios de comunicación. En Argelia tenemos campeonas mundiales y lugares donde las mujeres practican deporte y corren todos los días. Hay gente estúpida que en ocasiones molesta a las mujeres, pero se trata de un caso aislado, que no refleja la realidad de la mujer y el deporte en Argelia. Por las calles todos los días hay mujeres que salen a correr. Los medios de comunicación tienden a generalizar un problema cuando en realidad no lo es.

El problema no es la causa de la agresión, ni radica en el derecho de la mujer a hacer deporte, sino la violencia arraigada en la sociedad. Este tipo de violencia hacia las mujeres tiene sus raíces en la década de los 90, que no ha sido resuelta. La guerra terminó pero no hubo un proceso de reconciliación real, verdad o justicia. En nuestras mentes la violencia persiste porque nos impactó brutalmente todo lo que vivimos durante la década de los 90.

Las mujeres sufren violencia en el ámbito familiar, en el discurso… pero tenemos que afrontarlo como un problema social, político y cultural vinculado a un drama que no ha sido tratado seriamente. No sólo es un problema específico de las mujeres, sino que es un problema general de violencia en la sociedad. Sólo si lo abordamos en su conjunto podremos abrir un debate real.

En teoría el gobierno está ahí para facilitar la convivencia entre los diversos grupos sociales, pero las instituciones son muy débiles y el régimen está cerrado sobre sí mismo, de manera que la gente tiene que arreglárselas por sí misma. Si eres una persona valiente podrás hacer todo lo que te propongas, pero si no eres audaz te sentirás acobardada respecto a todo.

Respecto a la situación de la mujer, si la comparas con veinte años atrás, ésta se encuentra en todas partes: en las calles, en el trabajo, son taxistas… Las cosas han mejorado en ciertos niveles, aunque con dificultades. Ahora tenemos doble jornada: en el trabajo y en casa. Los hombres se sienten muy orgullosos de las mujeres que trabajan, pero no participan en las labores domésticas. Es el precio que tenemos que pagar.

Los cambios en la sociedad se caracterizan por la diversidad y los contrastes. Ahora los matrimonios se producen más tarde que antes, se tienen menos hijos y hay más casos de divorcio. La situación es complicada para todos, también para los hombres, porque en sus mentes aún no han averiguado el tipo de persona que quieren ser. En el caso de las mujeres, observamos que tanto las progresistas como las conservadoras quieren más poder y no se callan ante la violencia.

¿La sociedad argelina acepta la convivencia sin pasar por el matrimonio?

No. La mayoría de las mujeres tampoco opta por ello, por la falta de seguridad que ofrece, por la reprobación social y por la propia mentalidad. Una pequeña minoría feliz hace lo que quiere, aunque desconozco si en realidad es feliz.

¿Por qué las Primaveras Árabes no triunfaron en Argelia? ¿El recuerdo de la guerra estaba demasiado vivo?

Por supuesto. La principal razón de que las Primaveras Árabes no triunfaran en Argelia fue el recuerdo de la guerra civil de los años 90, así como la complejidad de la sociedad en su relación con la modernidad y la política. Ahora la gente no cree en los políticos. Algunos grupos intentaron reproducir las protestas que tuvieron lugar en Túnez o en Egipto, pero en Argelia ya teníamos libertad de expresión, pluripartidismo, libertad de asociación… las apariencias estaban aquí y la violencia y el trauma de los 90 también.

Los importantes premios que recibió en 1997, el Sajarov concedido por el Parlamento Europeo y el Olof Palme, ¿sirvieron para que su labor de defensa de los derechos humanos obtuviera mayor eco internacional?

Sí, en primer lugar, me salvaron la vida. Las causas que defiendo recibieron un gran respaldo a nivel mundial. De repente me hicieron famosa. Antes, en mi país yo era la única mujer que dirigía una publicación, y tras la concesión de estos premios el gobierno permitió a las mujeres ocupar puestos más altos en los medios de comunicación. En estos momentos, además soy diputada en la oposición en el Parlamento. Y el gobierno hace unos años decidió que un tercio de esta cámara estuviera formado por mujeres.