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Enrique Viguera: “Grecia se encuentra en el final de la excepcionalidad”

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Enrique Viguera, Embajador de España en Grecia - © María Gilabert / Revista Casa Mediterraneo

A finales del pasado mes de agosto se cerró formalmente el tercer programa de rescate a Grecia, tras casi nueve años de draconiana austeridad para cumplir con las exigencias de la Troika comunitaria con el fin de hacer frente a una desmesurada deuda soberana. Estas medidas han tenido un dramático coste social en el país. El saldo de estos últimos ocho años arroja una reducción del 25% del PIB, una tasa de paro superior al 25%, una pérdida salarial de más del 35%, un recorte del 45% en las pensiones, un incremento del 42% de la mortalidad infantil, un millón de despidos, un IVA del 24%, el cierre de más de 300.000 empresas, la migración de más de medio millón de jóvenes universitarios al extranjero en busca de oportunidades y un suicidio al día, entre otras consecuencias.

A esta hecatombe social se suma el golpe a la autoestima de un país que constituye la cuna de la civilización occidental, objeto en los últimos años de una campaña de desprestigio desconectada de la realidad. Pese a todo, actualmente Grecia está experimentando el mayor crecimiento económico de la última década y en 2019 se enfrenta a unas elecciones parlamentarias en un momento clave para su futuro.

Con el fin de arrojar luz a la actual situación que atraviesa el país, más acorde con la realidad, el pasado 23 de noviembre Casa Mediterráneo celebró un debate en el marco del ciclo ‘El Mediterráneo hoy’, en el que el Embajador de España en Grecia, Enrique Viguera, el antiguo director de la Oficina Marca España, Francisco Rábena, y el escritor y cineasta helenista Pedro Olalla aportaron sus conocimientos y puntos de vista. La Revista Casa Mediterráneo tuvo la ocasión de mantener una entrevista con el Sr. Enrique Viguera, que desde hace un año y medio ostenta el cargo de Embajador de España en Grecia.

¿Cuál es la actual situación económica de Grecia tras las políticas de austeridad llevadas a cabo por el Gobierno heleno para cumplir con las exigencias de los tres rescates de la troika?

En estos momentos nos encontramos en el final de la excepcionalidad. Grecia ha sido un caso excepcional en Europa en los últimos diez años y acaba de entrar en la normalidad, en el “aburrimiento económico” por así decirlo. Está empezando a crecer, registra un crecimiento medio de un 2,5% y, según las expectativas de crecimiento de la Unión Europea, en los próximos años ésa será la tónica, en función de cómo evolucione el entorno internacional.

Tanto la situación de sus vecinos Turquía e Italia como la propia coyuntura económica de la UE pueden tener una influencia importante, pero me gustaría destacar que Grecia ya no es un caso insólito ni está sometido a un mecanismo de supervisión especial como el que ha tenido hasta ahora por parte de la troika comunitaria. En la actualidad, la economía griega es objeto de una supervisión normal, como lo son las cuentas de todos los Estados miembros y curiosamente, en este momento, Grecia ha pasado su proyecto presupuestario, algo que otros países como España, Bélgica, Portugal o Italia no han conseguido aún. De modo que yo subrayaría que estamos entrando en una etapa de normalidad, pero evidentemente aún queda mucho por hacer. Tras la crisis, el país se ha quedado con un elevado endeudamiento y tendrán que pasar todavía muchos años para que se normalice totalmente la situación.

¿Cómo han afectado los recortes a la calidad de vida de la población griega?

Bastante. El pueblo griego ha sufrido mucho a lo largo de la historia, con una resilencia fabulosa desde la época de los clásicos, en el siglo V Antes de Cristo, y ha pasado por todo tipo de vicisitudes, pero evidentemente en los últimos diez años ha experimentado un descenso importante del nivel de vida. Se calcula que en torno a un 25%. Si cuando España y Portugal se adhirieron a la Unión Europea, en 1986, la renta per cápita era similar a la de Grecia, en este momento hay una diferencia más que apreciable. En estos momentos, Grecia me recuerda mucho a la España de hace 25 años.

¿El descontento social cree que puede haber favorecido el ascenso de partidos políticos de tinte xenófobo como Amanecer Dorado?

Sin duda. Creo que la situación de hartazgo de la opinión pública, testigo de cómo se ha ido gestando la crisis y cómo ésta se ha gestionado por parte de los poderes políticos, ha sido un revulsivo para que las opciones más radicales contaran con más apoyo de la población. Pero también considero que esta realidad está cambiando bastante desde las últimas elecciones de 2015, cuando había un nivel de polarización muy alto, ahora aún sigue existiendo, pero la situación es mucho más normal.

La gente, de acuerdo con los últimos sondeos de opinión, no va a votar tanto como antes a opciones radicales como Amanecer Dorado, el Partido Comunista o Syriza, sino que mayoritariamente se está decantando por opciones más moderadas. Incluso, en el último sondeo que he leído, Nueva Democracia le saca a Syriza nada menos que 16 puntos, una barbaridad. No sé si será bueno o malo que Nueva Democracia goce de tantísima diferencia, lo que podría conducir a que en el próximo Parlamento griego la derecha conservadora tuviera la mayoría absoluta y pudiera gobernar sola, ya que esto no necesariamente se traduce en una mejor gobernanza o eficacia.

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Pedro Olalla, Francisco Rábena, Enrique Viguera y Sonia Marco durante el debate ‘La Grecia de Tsipras’ – © María Gilabert / Revista Casa Mediterraneo

¿Le pueden haber pasado factura a Alexis Tsipras sus contradicciones a la hora de defender un discurso que se oponía a la austeridad y después adoptar drásticas políticas de ajuste, haciendo caso omiso a la voluntad del electorado que en el referéndum del 5 de julio de 2005 rechazó rotundamente las condiciones del rescate?

Sin ninguna duda. Efectivamente, Tsipras optó por una determinada política y después, al llegar el poder, aplicó otra distinta para gran simpatía y comprensión de terceros países de la Unión Europea y rechazo e incomprensión de su electorado. No obstante, todavía quedan meses para las elecciones del año próximo, que aún no se sabe si se celebrarán en primavera o en septiembre. Si el Eurogrupo aprueba este proyecto de presupuesto -y todo apunta a que así va a ser-, parece que puede haber margen de maniobra suficiente del Gobierno griego para intentar presentar proyectos de ley con ciertas medidas sociales. Es posible que Tsipras aproveche esta oportunidad. De hecho, en el actual proyecto de presupuestos ha logrado impedir una medida que le imponía la Troika, que era el recorte de las pensiones. Y de aquí a octubre puede tener opción para incluir nuevas medidas sociales que sean capaces de recordar al electorado dónde se emplaza, desde el punto de vista social, su propia formación política.

¿Se han limado las asperezas tras el incidente diplomático ocurrido en 2017 a raíz de unas declaraciones que usted hizo a un dominical griego en las que afirmaba que aún no había recibido el apoyo manifiesto del Gobierno heleno a la integridad territorial de España ante la declaración unilateral de independencia de Cataluña?

Realmente, todo fue un malentendido, una mala interpretación a unas declaraciones en las que dejaba traslucir mi desencanto por la pasividad del gobierno griego. Lo que sí dije fue que el líder de la oposición, Mitsotakis, me había llamado por teléfono para mostrarme su apoyo, así como el propio Presidente de la República como muestra de simpatía pero, al insistir el periodista en la posición del Gobierno, señalé que echaba de menos gestos de apoyo por parte del Ejecutivo, como habíamos tenido de otros países europeos.

La realidad es que junto a ese malestar del que se hizo eco, quizás de manera exagerada, el entonces Ministro de Exteriores Nikos Kotziás, cuyo cargo ostenta ahora Tsipras, ese mismo día, tanto la presidencia del Gobierno como el titular de Exteriores por primera vez hicieron una declaración afirmando que estaban en contra de la independencia de Cataluña. Pero como el foco de atención estaba puesto en el enfado, estos comunicados del portavoz del gobierno y del Ministerio de Exteriores pasaron bastante inadvertidos. Desde entonces, el Gobierno griego ha sido clarísimo, del Ministro al Embajador, a la hora de expresar su apoyo al Gobierno español y su posición mediática totalmente contraria a la declaración de independencia unilateral de Cataluña y las veleidades secesionistas y separatistas en Cataluña.

¿Cuál es el estado de las relaciones diplomáticas entre España y Grecia?

Son excelentes. Ambos países tienen una idiosincrasia muy parecida, sus sociedades muestran una enorme simpatía mutua y somos muy próximos. Lógicamente los gobiernos comparten ese sentimiento, aunque en ocasiones hayamos tenido una situación política antagónica, con un gobierno conservador del PP en España y otro gobierno populista en Grecia, que aunque carecían de sintonía política, al mismo tiempo mantenían una relación magnífica desde el punto de vista estructural.

¿Cómo son actualmente las relaciones económicas y comerciales entre ambos países?

Las grandes empresas españolas han estado allí hasta la crisis. Cuando ésta estalló y se perdieron oportunidades de negocio, algunas de ellas se fueron. El mundo de los negocios es el mundo de las oportunidades y al abrirse opciones en otros lugares, como en Perú, Chile, Colombia o México, decidieron vender lo que tenían en Grecia al no vislumbrar muchas expectativas de futuro.

Lo que estamos viendo ahora es que las empresas están volviendo, surgen nuevas expectativas, hay bastante financiación… Grecia es un país muy maduro desde el punto de vista económico, se están emprendiendo reformas que creo que redundarán en un ambiente de negocios más favorable del que ha habido estos últimos años y eso será positivo para los negocios. En todo caso, en España hay sectores como el turismo, las energías renovables, las infraestructuras… que tienen todavía mucho que aportar a Grecia. Yo confío en que en los próximos años esos sectores serán muy positivos.