Inicio TEATRO Vedrana Klepica: “La política y el activismo son inseparables en mis obras”

Vedrana Klepica: “La política y el activismo son inseparables en mis obras”

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Vedrana Klepica - © María Gilabert / Revista Casa Mediterráneo

La joven dramaturga croata Vedrana Klepica (1986, Kutina) se encuentra en Alicante durante el mes de enero participando en la Residencia de Escritoras de Mediterráneo que organiza Casa Mediterráneo. Licenciada en Dramaturgia por la Academia de Arte Dramático de Zagreb, Klepica escribe y dirige obras teatrales, participa en la creación de performances de danza y realiza guiones para la televisión.

Es autora de un buen número de obras de teatro, entre ellas, ‘J.A.T.O’, ‘Radio Kundera’ (en referencia a la novela de Milan Kundera ‘La insoportable levedad del ser’), ‘Es jodido porque lo queremos’, ‘La trágica muerte de un analista de economía’, ‘El cielo está gris y se ve la chimenea de una fábrica’, ‘Juego de Moby’, ‘Turma’ y ‘Nuestra educación’.

Desde 2013 compagina su trabajo como dramaturga con la dirección teatral, poniendo en escena sus propias creaciones. Sus piezas se han representado con gran éxito en Croacia, Gran Bretaña, Alemania, Australia y Argentina. Además, la autora ha participado en algunos de los festivales internacionales de teatro más importantes del mundo, así como en residencias de escritores en Alemania, Australia, Turquía, Reino Unido, Francia, España, Suecia, Macedonia y Sudáfrica.

Durante su estancia en la Residencia de Escritoras del Mediterráneo en Alicante, Vedrana participará en un encuentro el próximo lunes 28 de enero a las 20 h. en la Librería 80 Mundos, donde el público podrá aproximarse al mundo de las artes escénicas y la situación actual de Croacia, un país joven que arrastra los efectos de la guerra de los Balcanes.

Los principales asuntos que aparecen en sus textos teatrales son las diferencias de clases, los privilegios y el patriarcado. Actualmente en Croacia ¿existen grandes desigualdades sociales?

Sí. Croacia es un país muy joven. Provenimos del socialismo de la antigua Yugoslavia, a principios de los años 90 sufrimos la guerra, luego vino la transición y después irrumpió la corrupción política, el hundimiento de la industria, etc. Básicamente somos un país con grandes diferencias entre pobres y ricos. Existe un serio problema de corrupción, especialmente grave antes de ingresar en la Unión Europea. El desempleo es muy elevado y hay muchas disparidades entre la gente que vive en Zagreb, una de las ciudades más grandes del país, y en poblaciones más pequeñas, especialmente en el este de Croacia, donde la desaparición de la agricultura ha forzado a mucha gente a la emigrar a otras zonas.

Yo provengo de la familia de clase trabajadora y nací en una pequeña ciudad, a una hora de Zagreb. De manera que para mí, éste es un asunto importante, del que siempre hablo, porque forma parte de mi vida. El patriarcado también es un tema que me preocupa y está estrechamente conectado con el sistema de clases. Creo que cualquier tema que explores a través de tus creaciones tiene que estar vinculado al sistema de clases. No importa si vives en Croacia, España o Francia.

¿Cuál es la situación de la mujer en la sociedad croata?

Yo diría que muy mala, pero cuando afirmo esto, en mi país me tachan de radical. Aunque no comparto esa idea. Creo que somos un país muy conservador. Por un lado, la forma en la que las mujeres son tratadas en el ámbito laboral, incluso en el propio Parlamento, me resulta vergonzosa. Por otro lado, hay mucha violencia contra las mujeres, violencia sexual, y los autores son castigados con una penas muy leves, un par de meses en la cárcel y salen a la calle.

Creo que es un hecho probado que las mujeres en Croacia son menos que los hombres. Incluso en el ámbito teatral. El año pasado representé un espectáculo basado en varias mujeres de mi familia, semi-autobiográfico, y para mí fue interesante comprobar que enseguida fue etiquetado como una obra feminista, lo que nunca sucede al revés si se trata de una pieza sobre los hombres y sus problemas.

Me resulta extraño que exista tanto rechazo a la palabra “feminismo”. Tengo la sensación de que esto no era así hace diez o quince años. Incluso las chicas jóvenes no quieren declararse feministas. De acuerdo, que devuelvan su derecho al voto (risas). Para mí, esta situación es muy problemática porque si tienes una enfermedad y la curas, no tienes por qué volver a hablar de ella nunca más, pero la desigualdad entre hombres y mujeres no está resuelta y cuando hablas sobre ello, se desata la ira. Esto me decepciona y me irrita. El feminismo abarca un amplio espectro, puede ser moderado o extremista. Lo que defiendo es simplemente la igualdad entre hombres y mujeres, una reivindicación que en esencia dista mucho de ser radical.

La guerra de independencia de Croacia (1991-1995) ¿ha influido en la temática de sus obras?

Vedrana Klepica: "La política y el activismo son inseparables en mis obras" en TEATRO
Vedrana Klepica – © María Gilabert / Revista Casa Mediterráneo

Absolutamente. Cuando estalló la guerra yo tenía cuatro o cinco años. De modo que mis primeros recuerdos son de esa época. Aunque mi ciudad natal fue bombardeada un par de veces, no tuvimos que huir, pero mi padre estuvo en el Ejército. Como creces con ello, cuando eres pequeño crees que es algo normal.

Más adelante, te das cuenta de que tu etapa juvenil no habría sido la misma en un contexto normal, y empiezas a pensar en las consecuencias psicológicas de la guerra en tu familia, en tu población,… La guerra siempre está presente en mis obras, aunque no de manera explícita. Creo que aunque el conflicto haya acabado, en la región de los Balcanes siempre persiste la inestabilidad. En el ámbito de la política y en el día a día sigue habiendo violencia, lo que no considero normal.

Sus obras se han representado en escenarios de Croacia, Reino Unido, Australia, Argentina y Alemania. ¿Qué acogida han tenido tanto dentro como fuera de su país?

Fue muy buena, me quedé muy sorprendida cuando un teatro de Melbourne (Australia) me pidió representar una de mis obras, porque siempre pienso que mis piezas se ciñen al contexto de mi país y se dirigen a una audiencia muy específica. De manera que me llevé una grata sorpresa cuando descubrí que mis obras interesan tanto en Melbourne como en Viena o Buenos Aires. Los asuntos que trato son universales y la gente realmente conecta con ellos.

El año pasado, el estreno de ‘Turma’ en Buenos Aires, un pieza sobre la lucha de clases y acerca de una mujer procedente de un contexto muy opresivo, coincidió con una manifestación de mujeres por sus derechos reproductivos, la más multitudinaria que he presenciado en mi vida. En estas circunstancias, la obra tuvo una excelente acogida.

¿Qué reacciones desatan sus obras entre la clase política de su país?

No lo sé, creo que no las ven (risas). Pero sí recibo ciertas críticas en los medios de comunicación por el “activismo” de mis obras, algo que molesta. El teatro debe divertir y entretener, pero creo que todos los artistas tenemos una fuerza motriz cuando vamos a crear algo. La política y el activismo son inseparables en el tipo de arte que hago. Y eso irrita a mucha gente, no sé por qué. En las críticas que leo hacia mis obras teatrales, sobre todo las que hacen hombres mayores 50 años, percibo ese patrón de conducta. Sin embargo, con mi trabajo nunca pretendo enojar a la gente. En el arte, creo que provocar es fácil, pero lo interesante es generar debate.

Trabaja como dramaturga tanto en obras teatrales como en espectáculos de danza. ¿En qué consiste su aportación a la danza?

En general, como dramaturga escribo textos teatrales. Pero también he comenzado a colaborar en el desarrollo de espectáculos de danza contemporánea y conceptual. En este sentido, trabajo con los coreógrafos sobre los conceptos, desarrollando las ideas, y las ajustamos con los bailarines durante los ensayos. Me resulta muy emocionante, ya que es un tipo de creatividad completamente diferente, que se apoya en el movimiento, en lo visual, y hace trabajar a otra parte del cerebro.

Desde 2013 compagina la escritura con la dirección teatral. ¿Prefiere dirigir sus propios textos?

Sí, aunque no creo que lo vaya a hacer toda la vida. Empecé a dirigir porque la gente me decía que escribía textos demasiado largos. No escribo novelas, sólo obras de teatro y algún que otro guión para la televisión. Mis textos siempre están vinculados a las representaciones. Por ello, no me definiría como escritora, sino como dramaturga. Tanto si escribo las obras como si las dirijo, todo procede del mismo lugar. Pasar a la dirección fue una transición normal, porque ya había escrito piezas para que otros las representaran, sentándome en el teatro junto al director y trabajando con actores. Es una experiencia diferente y bonita, aunque también dura, porque conlleva un gran componente psicológico, tratando de que todo el mundo esté contento y al mismo tiempo respete tus ideas artísticas.

Hasta el momento, ¿cómo valora su participación en la Residencia de Escritoras del Mediterráneo?

Es una experiencia fantástica. En primer lugar, Alicante es una ciudad pequeña, que me resulta inspiradora. En general, el espacio artístico en España es muy diferente a lo que estoy acostumbrada. He crecido con la tradición del teatro alemán y austriaco, cuyo mundo es completamente distinto al de aquí. Para mí, comprender y explorar más profundamente esta parte de Europa es muy estimulante. Esta residencia me está permitiendo conocer mucha gente y los problemas que le preocupan, que suelen ser similares a los de todo el mundo.