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Georgina Higueras: “El avance tecnológico de China es tan rápido que resulta imposible frenarlo”

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Georgina Higueras - © María Gilabert / Casa Mediterráneo

La veterana periodista Georgina Higueras quizás sea una de las españolas que mejor conozca la cultura china, tras marcharse al país en 1979 para estudiar un posgrado en Historia de las Relaciones Internacionales en la Universidad de Pekín sin saber ni una sola palabra del idioma, que aprendió con asombrosa facilidad, y ser editora para Asia del diario El País durante 20 años.

Higueras, además de cubrir los importantes acontecimientos acaecidos en China, viviendo en primera persona el drástico paso del comunismo más acérrimo a su apertura económica al capitalismo, ha sido corresponsal de guerra en contiendas como las de Afganistán, el Golfo Pérsico, Chechenia, Georgia o El Líbano. También ha sido corresponsal de la agencia EFE en Pekín, Washington y Estrasburgo y de La SER en Moscú.

Su amplio conocimiento del continente asiático la ha llevado a escribir su primera obra de ficción, ‘En busca de mi hermana china’ (La Esfera de los Libros, 2018), donde a través de la amistad entre una chica española y otra china hace un recorrido por la historia y la cultura de este vasto país a lo largo del siglo XX. Con motivo de la presencia de Georgina Higueras en Alicante, invitada por Casa Mediterráneo para participar en un encuentro enmarcado en el Ciclo ‘Periodistas y el Mediterráneo’ en la Universidad Miguel Hernández de Elche, entrevistamos a la autora.

La protagonista de su novela ‘En busca de mi hermana china’ desde muy joven siente fascinación por ese país y, como ella, usted estudió un posgrado en la Universidad de Pekín, ¿la obra tiene tintes autobiográficos?

Georgina Higueras: "El avance tecnológico de China es tan rápido que resulta imposible frenarlo" en DESTACADOS PERIODISMO Esa parte es bastante autobiográfica, sí. A mí cuando tenía 16 años me regalaron el ‘I Ching’, que es el libro de los oráculos, al que se le atribuyen unos 4.000 años de antigüedad, que fueron recogiendo la tradición. Hay cursos universitarios sobre el ‘I Ching’, que es considerado la base de la cultura, la filosofía y el pensamiento chinos. Me regalaron la primera traducción que se hizo al castellano del ‘I Ching’ y aquello me fascinó por esa forma tan distinta de la civilización china en general y su pensamiento. Según la representación del Ying y el Yang, todo es redondo, todo evoluciona… Mientras que nosotros somos lineales y directos, ellos son todo lo contrario, no buscan una solución inmediata porque piensan que te va a dar muchos más problemas. Dándole vueltas, buscan el trasfondo de las cosas.

A partir de ahí fui comprándome libros sobre China, sobre su historia, escritores, novelas, política… Me fascinó el país y decidí que como además no entendía nada, porque cuanto más leía menos sabía, necesitaba ir a China para enterarme. Terminé la carrera y me fui a estudiar un posgrado.

¿Cuando fue a China hablaba el idioma?

Llegué en 1979, cuando el único idioma que allí se hablaba era chino. Yo no hablaba nada, pero se me dan muy bien los idiomas. Entonces, me lancé. No sabía ni una palabra, pero lo aprendí enseguida; tenía ocho horas diarias de clases. Era un país durísimo en aquella época. Mao había muerto el 9 de septiembre de 1976 y entonces prácticamente estábamos saliendo de la revolución cultural. Y Deng Xiaoping acababa de imponer su teoría de las cuatro modernizaciones, que es con lo que China se ha convertido en la segunda potencia económica mundial. En aquel momento todo eso era un embrión, no había nada. Yo fui al primer mercado libre, donde a los chinos les daba vergüenza utilizar el dinero, porque era considerado una cosa capitalista y burguesa. Se utilizaban chēpiàos, tíckets, porque todo estaba racionado. Dabas el chēpiào para la carne, el azúcar, los cereales, la leche, la ropa, que eran los unifomes tipo mao en verde y en azul… para todo.

En los primeros mercados lo que la gente hacía era intercambiar los tíckets. Si comían menos arroz y les sobraba, que era un producto muy demandado, intercambiaban los tíckets por los correspondientes al algodón para remendar un pantalón roto, por ejemplo. En las macetas la gente cultivaba tomates y los cambiaba por un chēpiào… era algo alucinante y de eso saltamos a donde estamos.

No ha transcurrido tanto tiempo para que los cambios hayan sido tan drásticos. Y precisamente ahora China abre sus mercados al mundo, mientras Estados Unidos con Trump a la cabeza está anunciando medidas proteccionistas.

Efectivamente, han pasado 40 años y en ese tiempo ¿cómo se ha producido ese cambio tan tremendo? Porque la China a la que llegué era un país atrasado, pobre, cerrado, una autarquía tremenda. El 80% de la población era campesina, tenía un concepto muy cerrado del mundo. ¿Por qué ha sucedido esto? Porque en el fondo para los chinos es muy importante el comercio y la economía. Es de los primeros Estados que se ha fundado, hace más de 2.000 años, y que ha seguido.

Nosotros en el Mediterráneo hemos tenido tantas civilizaciones… griegos, romanos, asirios, caldeos… que sin embargo se han ido extinguiendo. Los chinos son muy trabajadores, se han dedicado mucho a la economía y no han impuesto su civilización.

Ahora se habla mucho de la “trampa de tucídides”. Nosotros lo resolvemos todo guerreando, conquistando y ganamos una guerra pero luego es muy difícil ganar la paz, lo que hace que luego se extingan muchas culturas, porque abarcan más de lo que pueden. Mientras que los chinos nunca han querido ir a conquistar y cuando han ido a conquistarles los pueblos se han quedado allí. Los manchúes, la última dinastía que hubo, no eran chinos, la dinastía yuan era mongola y se estableció en China.

Cuando Deng tomó el poder lo que hizo fue devolverles a los chinos esa capacidad, volverles a instar a trabajar y a ganar dinero con su esfuerzo. Entonces, volvieron a sus orígenes, a ese trabajo duro. Antes los chinos se extendían económicamente por todo el sureste asiático. Hay grandes comunidades de chinos, que suelen ser los más ricos de los países, pero nunca conquistan, sino que se asientan como colonias de trabajo y esfuerzo sin necesidad de apropiarse del territorio. Y en esas estamos, en cuarenta años, fíjate a donde han llegado.

Georgina Higueras: "El avance tecnológico de China es tan rápido que resulta imposible frenarlo" en DESTACADOS PERIODISMO
Georgina Higueras – © María Gilabert / Casa Mediterráneo

¿Por qué surge la guerra comercial entre China y Estados Unidos?

En realidad la ha sacado Trump, pero el enorme giro, el cambio en la actitud hacia China lo dio Obama, quien pensó que China estaba creciendo demasiado rápido. Entonces empezó con la política de contención de China, económica y militar. Lo decidió Obama cuando dijo “Pivot to Asia”, “giremos hacia Asia”, donde está la cuenca de mayor crecimiento y donde podemos encontrar a quien rete nuestro poder, que entonces era hegemónico como nunca antes nadie tuvo en la historia.

Obama fue quien decidió esa política de contención de China, el Tratado de Transpacífico, sin permitir que entrara el país. El que tenía una visión de futuro muchísimo más importante era Obama, porque al fin y al cabo los aranceles son una medida del siglo pasado y se ha visto que no funicionan. Trump no tiene una visión, mientras que Obama sí la tenía. Por eso, aunque Trump pase, la mejora de las relaciones entre China y Estados Unidos de momento no va producirse. Ese sentimiento de hostilidad, de necesidad de contención lo vamos a vivir y va a durar mucho tiempo. Estados Unidos por primera vez se siente vulnerable y aunque todavía tiene mayor poder tecnológico y militar, es cierto que el avance que tecnológicamente está teniendo China es tan rápido que es imposible frenarlo.

El “siglo de la humillación”, al que Xi Jinping se refiere continuamente en la televisión, para ellos comenzó en 1839, cuando ocurrió la primera Guerra del Opio, que fue verdaderamente ignominiosa. La gran potencia industrial de Europa fue a China intentando comerciar, pero al país asiático no le interesaban en absoluto los productos europeos. Sin embargo, a los europeos les interesaba todo lo que había en China. En el siglo XIX se pusieron de moda las porcelanas, las sedas,… los barcos iban cargadísimos y la balanza de pagos estaba totalmente desequilibrada. Hasta que de pronto descubrieron que lo único que podían venderles a los chinos era opio, empezaron a frabricarlo como locos y a introducirlo en China.

La dinastía se dio cuenta de que todo el mandarinato era corrupto y estaba colgado del opio y mandó a un gobernardor en el que confíaba a Cantón, que prendió fuego a un cargamento, y al día siguiente los británicos respondieron con su armada. Para China supuso una gran humillación y no sólo eso, ya que a partir de ese momento, todas las potencias europeas empezaron a coger dominios de la costa de China. Luego vino la gran invasión japonesa, todos los tratados desiguales; en fin, para ellos, hoy en día cuando miran hacia atrás, esa época les parece el horror de los horrores. Pero como son muy listos dicen que han aprendido la lección. Y la lección es que eso lo sufrieron porque no quisieron abrirse a la revolución industrial que venía de Europa. Como ellos cerraron por completo el país a todo lo que era nuevo, al final lo que era nuevo los venció.

Entonces, ¿qué pasa ahora? Dicen: “Yo no hice la revolución industrial, me la salté, pero ahora voy a hacer y liderar la revolución tecnológica”. Eso le da mucho miedo a Estados Unidos.

Y a la vez China ha puesto en marcha la nueva Ruta de la Seda…

Xi Jinping llega al poder en noviembre de 2012 y se encuentra con que Estados Unidos ya ha emprendido esa política de contención durísima. Y al mismo tiempo se topa con un país que no había hecho nada en política exterior, que estaba siempre calladito siguiendo las directrices de Deng Xiaoping que abogaba por no meterse en nada y centrarse en crecer, crecer y crecer, sin importar cómo. Cuando Xi llegó al poder se dio cuenta de que China ya era la segunda potencia económica mundial, ya no era una mindundi sin voz en el Consejo de Seguridad; ya le tocaba tener voz y voto. Entonces, nada más tomar el poder en su primer discurso dijo: “China tiene un sueño y ese sueño es el renacimiento de China”. En ese renacimiento el siglo de la humillación ya ha pasado y no vamos a permitir que llegue otro.

Para eso tengo dos herramientas: una, la Ruta de la Seda, que la pone en marcha al año siguiente. Debido a la crisis del mundo occidental a partir de 2008 con la quiebra de Lehman Brothers, China se queda con un enorme excedente de productos y necesita sacarlos, al tiempo que Obama no le permite participar en el TPP, de modo que se inventa la Ruta de la Seda, y lo hace a la manera china, todo abierto, como era la antigua ruta. La Ruta de la Seda era la Ruta de las Caravanas -no se llamó de la Seda hasta el siglo XIX- que empezaba en el Imperio Romano, unos se quedaban en Persia, otros en Azerbayán, otros en India y otros llegaban hasta China. Cada uno comerciaba como quería, la ruta era abierta y a veces se juntaban hasta 10.000 camellos, eran ciudades enteras desplazándose.

Aquello funcionó y donde los ejércitos romanos no consiguieron llegar, sí los comerciantes, y Xi Jinping  ahora ha hecho lo mismo: abrir el territorio al crecimiento económico, soltar sus excendentes e impulsar el desarrollo. Los chinos tienen una mentalidad muy clara: si tú te desarrollas y tienes dinero yo me beneficio, mientras que si no tienes dinero no me vas a comprar nada. Eso es lo que están haciendo, grandes infraestructuras, impulsar el desarrollo, con ese término en inglés que suena bastante a chino “Win win”, ganar, ganar. Son muy trabajadores y saber lo que quieren. Tienen una mentalidad a muy largo plazo y una dirección.

¿Qué impotancia tiene la educación para los chinos?

La educación para ellos es fundamental y es algo que procede de lejos. La cultura, la filosofía y la educación china vienen de hace 2.500 años. Confucio ya decía que era fundamental que la gente estudiara. En China no existía la aristocracia como tal. Sí los mandarines, que eran los funcionarios. Si eras pobre pero listo y eras capaz de pasar el examen del mandarinato, te convertías en funcionario del Gobierno y hasta te podías poner al lado del Emperador. Eso está en los genes de los chinos desde hace 2.500 años y piensan que es esencial el trabajo, el estudio y fomentar sus principios.

La comunidad china en España cada vez es más numerosa. ¿De dónde procede?

La mayoría, más del 80% de los chinos que vive en España, procede de la provincia de Zhejiang, de una zona montañosa que se llama Qingtian, porque, como todo en China, todo es cuestión de que haya una persona y que tire del resto. En ese distrito todo el mundo tiene familia en España, y hoy en día hay montones de productos españoles que se venden en Zhejiang. Los primeros que vineron de allí eran campesinos a los que su primo les había prestado dinero y les ponía a trabajar en su restaurante hasta que pudieran montar el suyo propio. Y así funciona.

Las condiciones laborales en China han sido objeto de crítica por parte de Occidente. ¿Han mejorado?

Cuando llegué a China en 1979 en pleno comunismo, la gente no pegaba ni clavo. Eso sí, todo el mundo trabajaba. Me acuerdo que una vez, recién llegada quería un cesto para la ropa sucia. Me fui a un pequeño mercadito a comprarlo y el dependiente me decía, sin hacerme caso: “No hay”. Yo le insistía y le decía que estaba allí, que lo estaba viendo. Y me seguía diciendo que no. Le daba exactamente igual, porque, vendiera o no, ganaba lo mismo. ¿Qué pasó? Cuando comenzó la dinámica de la productividad, si producías más ganabas más, entonces se pusieron como locos a trabajar y todo cambió radicalmente. En cuanto llega la porpiedad privada -antes todo era público-, con ese espítitu de trabajo de los chinos, ellos han sido los primeros que han abusado de su propia gente.

Progresivamente el Gobierno ha ido controlándolo para evitar los abusos laborales. Ahora los salarios han subido muchísimo y por eso ya no es tan productivo fabricar en China. No obstante, aunque tienen horarios, no los respetan, siguen trabajando más de ocho horas, por una cuestión cultural. Aquí en España también se cometen abusos, pero en un país con 1.400 millones de habitantes es mucho más difícil controlarlo.

En la actualidad uno de los problemas graves del país es debido a la derogación de la política del hijo único, que permite tener dos. Y hay muchísimas mujeres que temen por sus trabajos, porque si tinenen un segundo hijo, la empresa puede hacerles la vida imposible para que dimitan. Al contrario de lo que pasa aquí, en China son las empresas las que pagan los meses de baja por maternidad, que es obligatoria, con lo cual, no les interesa nada. Es uno de los graves problemas que tiene ahora China, porque no va a conseguir levantar la población.

China es la segunda economía del mundo. Y por paridad de poder adquisitivo, es decir, por dólares no constantes, la primera. Pero como tiene 1.400 millones de habitantes está en el puesto 76 en cuanto a la renta per cápita, unos 10.000 dólares anuales. Por eso cuando uno mira a China es necesario ver las diferentes cifras que se manejan. En ese país, que todavía está en vías de desarrollo, el hecho de tener una población envejecida, es muy penoso. Todavía la Seguridad Social no llega a todo el país, ni hay clínicas para ancianos, ni ayudas. Todo depende de las familias, pero si éstas sólo tienen un hijo, éste se encuentra con cuatro abuelos. Los hijos tienen que cuidar de sus padres, en la tradicón china eso es fundamental. De hecho, hay una ley que penaliza a quien no cuida de sus padres.

En China, la cultura es piramidal y empieza por la familia. Por eso, no sólo en China, sino en todo Oriente, las familias quieren tener hijos varones, porque él se queda y apoya al padre, mientras que la mujer en cuanto se casa se va con la familia del marido. Antes, que eran campesinos necesitaban mano de obra; ahora el problema está en que el hijo va a mirar más por sus padres que por sus suegros. Todavía existen esos problemas ancestrales que, tras la revolución brutal que ha ocurrido en estos últimos cuarenta años, vuelven a la esencia de los chinos y estos problemas resurgen.

Tras su larga trayectoria vital y periodística en China y en otros lugares del mundo donde ha cubierto guerras y desastres naturales, debe tener mucho material para más libros. ¿Tiene en mente escribir otra obra de ficción?

Sí, pero en España se lee tan poco… Y tenía muchas ganas de escribir este libro, que es novela, pero histórica. A través de la familia de la estudiante puedes ver prácticamente todo el siglo XX de China, se remonta a sus abuelos y su madre, y todo el cambio desde 1979 hasta 1983 cuando de desarrolla la amistad entre la chica española y la chicachina, y cuando la española vuelve a buscarla treinta y tantos años después. Esos cambios se van viendo a lo largo de la novela. De momento no me planteo escribir otro. Éste lo he disfrutado y he tardado mucho en escribirlo. No lo quería hacer en primera persona, lo escribí en tercera, pero en la editorial me dijeron que no podía ser así. Volví a la primera persona, pero me daba mucha vergüenza y de nuevo lo reescribí en tercera, y cuando lo tenía escrito me dijeron que así no lo publicaban. De modo que tuve que hacerlo de nuevo todo en primera persona. Tardé cuatro años en escribirlo.

Le tengo un cariño enorme. Es una historia de amistad entre dos mundos distintos, Oriente y Occidente, España y China. Y a través de esa amistad, se ve la historia de China, que es lo que me interesa. Es un libro muy fácil de leer, porque lo que intenta es llegar al público.