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Emilio Ontiveros: “El saldo de la pertenencia de España a la UE y a la Eurozona es inequívocamente positivo”

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Emilio Ontiveros - © María Gilabert / Revista Casa Mediterráneo
El Catedrático Emérito de Economía de la Empresa de la Universidad Autónoma de Madrid y fundador y presidente de Analistas Financieros Internacionales (AFI), Emilio Ontiveros, ha participado en las XXXIII Jornadas de Alicante sobre Economía Española que arrancaron el 8 de noviembre en Casa Mediterráneo con la conferencia “La situación económica en la Eurozona. Fortalezas y debilidades”. Las jornadas, organizadas por el Instituto de Economía Internacional de la UA con la colaboración de diversas entidades, entre ellas Casa Mediterráneo, entre los días 8 y 9 de noviembre, se han centrado en el impacto económico de los cambios demográficos en la cuenca del Mediterráneo.

El Sr. Ontiveros concedió una entrevista a la Revista Casa Mediterráneo con el fin de despejar las incógnitas que se ciernen sobre la economía de la Unión Europea, y particularmente de España, ante fenómenos como el Brexit, los planes económicos del Gobierno italiano o el auge del discurso antieuropeísta.

La Comisión Europea acaba de rebajar las previsiones de crecimiento de España en base al proyecto de presupuestos presentado por el Gobierno español. ¿Qué opina al respecto?

Las ha rebajado unas décimas. Es razonable porque la Comisión Europea, al igual que otras instituciones internacionales, está revisando a la baja las previsiones de crecimiento prácticamente de todas las economías del mundo, pero en particular de la Eurozona, un bloque económico que va a tener un comportamiento peor que el promedio. Pero dentro de la Eurozona, la economía española va a crecer algo más que la media. Va a seguir manteniendo unas diferencias de crecimiento favorables frente al promedio de la Eurozona, pero va a crecer menos que el año pasado.

Y la razón fundamental es que eso que se dio en denominar “los vientos de cola”, es decir, las fuerzas externas que favorecían el crecimiento, se están debilitando: el comercio exterior, que está cayendo en todo el mundo; los estímulos monetarios, que el Banco Central Europeo ha estado apoyando de forma excepcional, empiezan gradualmente a reducirse a partir de final de año; y un tercer factor que va a influir en el menor ritmo de crecimiento de las economías de la Eurozona, pero en mayor medida quizá en España, es el precio del petróleo, en general de los hidrocarburos, significativamente más caro que el que ha estado vigente durante 2018. El conjunto aporta un ritmo de crecimiento que, en nuestra opinión, puede estar en torno al 2,4 al año que viene.

¿Cuáles pueden ser las consecuencias del Brexit para la Unión Europea, y en particular para la economía española, teniendo en cuenta que España es uno de los principales socios comerciales de Reino Unido?

Inequívocamente, las consecuencias van a ser adversas, pero su cuantificación concreta va a depender de qué tipo de divorcio se firme. Hay un proceso de negociación abierto y no sabemos cuál va a ser el desenlace final. En cualquier caso es verdad, como usted dice, que España es uno de los países que puede salir más perjudicado porque tiene un superávit comercial con el Reino Unido muy importante, es uno de los pocos países de Europa que le vende más mercancías de las que le compra.

En segundo lugar es un país que tiene un superávit en servicios. No hace falta decir que aquí los turistas británicos son muy importantes. Este año, probablemente el turismo británico significará algo más del 20% de todos los ingresos por turismo de España. En tercer lugar, los británicos siguen siendo, después de los españoles, los principales compradores de viviendas. En cuarto lugar, en Reino Unido hay un stock de inversión directa de empresas españolas muy importante. El Banco de Santander es una de las entidades bancarias más destacadas de Reino Unido, Iberdrola constituye una de las grandes compañías eléctricas, etc. Todo ello hace, lógicamente que España tenga un especial interés en que ese divorcio sea lo más suave y lo más amigable posible y que el desenlace sea lo más cercano a un mercado interior similar al actual.

¿A qué cree usted que se debe el sentimiento de desafección existente entre la mayor parte de la ciudadanía europea, pese a que en los últimos 50 años Europa ha experimentado el mayor periodo de prosperidad de su historia? ¿Las instituciones europeas no han sabido transmitir a la sociedad los beneficios de pertenecer a la UE?

No, yo creo que la principal razón del distanciamiento de los ciudadanos europeos sobre la dinámica de integración europea tiene que ver en gran medida con los costes derivados de la crisis de 2007-2008. Esos ocho o nueve años de crisis se han saldado en Europa, y en la Eurozona en particular, de una forma muy negativa para la mayoría de los ciudadanos. Las políticas de gestión de la crisis fueron menos acertadas que las que se llevaron a cabo en Estados Unidos, a pesar de que la crisis nació allí, pero Washington adoptó medidas más adecuadas, políticas monetarias de estímulo anteriores y políticas fiscales más partidarias de neutralizar los efectos de la recesión.

Eso ha provocado que la crisis haya dejado un saldo de afectados que son, curiosamente, la mayoría de las familias con menor capacidad defensiva. El desempleo ha sido particularmente severo en la Eurozona, especialmente en las economías periféricas, y eso  hace que un número importante de ciudadanos haya tomado distancia respecto a la Unión. Y luego está el fenómeno de la emergencia de formaciones políticas en Europa defensoras de una especie de introspección, inhibición y rechazo del distinto. La combinación de esos dos aspectos ha conducido a que la Unión Europea en su conjunto, y la Eurozona en particular, atraviesen una crisis existencial, seria, de identificación de los ciudadanos con el proyecto.

Este sentimiento contrasta con la opinión mayoritaria en Reino Unido de que, según las encuestas, si se celebrara un nuevo referéndum triunfaría la permanencia en la Unión Europea.

En España afortunadamente esa desafección no es tan intensa como en otros países, porque a día de hoy, después de todo lo que ha ocurrido durante la crisis, que ha sido duro, el saldo de la pertenencia de España a la UE y a la Unión Monetaria, la Eurozona, es inequívocamente positivo. Hoy los españoles tenemos un nivel de renta por habitante superior al que teníamos cuando entramos en el euro, algo que por ejemplo no ocurre en el caso de Italia y que ayuda a entender lo que está ocurriendo en ese país.

Si el Gobierno italiano no atiende las demandas de la Comisión Europea para modificar su proyecto presupuestario con fin de corregir el déficit , ¿en qué escenario nos podríamos encontrar? 

En una situación muy difícil. Si no hay una convergencia de criterios vamos a asistir a episodios de inestabilidad financiera. Los mercados de deuda pública van a entrar en una fase complicada y esa situación podría contaminar al conjunto de los países de la Eurozona, y en particular a España. Hasta el día de hoy ese contagio no ha sido grande, quizá porque los inversores y los mercados financieros están esperando que haya un proceso de negociación que dé como resultado una vuelta de Italia a una senda de saneamiento de sus finanzas públicas. Pero a día de hoy, hay una situación de tira y afloja que provoca que sufran los títulos de deuda pública italiana.