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Gervasio Sánchez: “Necesitamos millones de inmigrantes para mantener los equilibrios económicos”

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Gervasio Sánchez - © María Gilabert / Revista Casa Mediterráneo

‘Geografía del éxodo’ es el título de la nueva exposición que acoge la sede de Casa Mediterráneo, obra del comprometido fotorreportero Gervasio Sánchez. A lo largo de 16 fotografías de gran formato, la cámara del fotoperiodista narra la singladura de miles de personas que en noviembre de 2015 atravesaron la región de los Balcanes huyendo de guerras y miseria, la mayoría procedente de Siria, Afganistán e Irak, aunque también de Eritrea, Somalia, Sudán e incluso Marruecos.

La muestra también recoge el drama de quienes en el verano de 2017 trataban de cruzar el Mar Mediterráneo en precarias barcazas de goma o madera, jugándose la vida en una peligrosa travesía, y el heroico papel de los voluntarios de ONG como Proactiva Open Arms que se dejaron la piel movidos por el único interés de salvar seres humanos.

¿De qué guerras o penurias huyen las personas retratadas en ‘Geografía del éxodo’?

Es impresionante, porque el número de países afectados por este desastre es bastante más cuantioso del que pensamos. La mayor parte de las personas víctimas de esta situación son sirios, iraquíes y afganos, que constituyen el 70 o el 80% de los migrantes, al menos en la época que retrato. También hay gente de países como Eritrea -una dictadura muy férrea de la que está huyendo muchísima gente-, Etiopía, Sudán, Nigeria -el país más poblado de África con 180 millones de habitantes, con una situación de pobreza endémica-, Camerún, Paquistán, Irán e incluso Marruecos. En el goteo de nacionalidades también se encuentran personas de República Centroafricana, Islas Comores, Mali, Burkina Faso, Mauritania… en ese momento estaba llegando gente de todas partes, pero los cuatro grupos más numerosos eran sirios, afganos, iraquíes y eritreos.

Estas personas, ¿eran conscientes de los peligros a los que se enfrentan y el destino tan incierto que les espera en Europa?

Los sirios llegaban con familias enteras. Había padres que venían con hijos de corta edad e incluso con los abuelos. Evidentemente, se trataba de gente de clase media, que tenía dinero para pagar a las mafias y estaba huyendo de la guerra, de la muerte. No querían quedarse en Turquía, en campos de refugiados donde permanecerían recluidos. Estaban bien preparados porque muchos de ellos eran médicos, enfermeros, arquitectos, ingenieros… y hablaban inglés. Tenían dinero para pagar a las mafias y querían llegar a Alemania para iniciar una nueva vida. En definitiva, huían de la guerra, lo que haríamos casi todos nosotros en su misma situación.

¿Cuánto pueden llegar a pagar a las mafias?

El paso de Turquía a Lesbos llegó a costar 2.000 euros por persona, incluidos bebés y niños, para un trayecto de 14 kilómetros. Luego había que seguir pagando a diferentes mafias para llegar hasta Eslovenia. Por ejemplo, con unos centenares de euros se conseguía agilizar las autorizaciones de tránsito. También había que pagar los autobuses y todos los transportes necesarios para proseguir el viaje, la comida… Además, estamos hablando de noviembre de 2015, una época en la que llovió muchísimo y los campos de refugiados estaban inundados. Todo era tremendo.

Y cuando estas personas se quedaban sin dinero, ¿el proceso hasta llegar a su destino se ralentizaba?

Claro. Al final las mujeres tenían que prostituirse o los hombres aceptar trabajos en condiciones de esclavitud, infrahumanas. Es un tema grave. Conocí gente que intentaba acceder al Mediterráneo por la frontera libia por tercera o cuarta vez.

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Barcaza de goma repleta de inmigrantes, integrada en la exposición ‘Geografía del éxodo’ – © Gervasio Sánchez

La cotidianidad de noticias sobre la llegada de inmigrantes, ¿puede estar creando un sentimiento de insensibilización entre los ciudadanos, ocultando el drama personal que hay detrás de los números?

Lo que está ocurriendo es que se está engañando descaradamente a la población. Pero no sólo lo están haciendo los partidos de derecha o de extrema derecha, sino también fuerzas como el PSOE, Podemos, el PP, Ciudadanos y Vox, que está contando el fenómeno de la inmigración como un problema de asalto de fronteras y de nuestras vidas. Mientras, los expertos que hacen estudios sobre el futuro de Europa saben que necesitamos millones de inmigrantes para mantener los equilibrios económicos. De hecho, recientemente he leído que antes de 2030 tendría que haber 200 millones de inmigrantes en Europa para que podamos seguir cobrando las pensiones. Por lo tanto, evidentemente hay que ordenar el tráfico de emigrantes, pero intentando evitar por todos los medios que los ciudadanos los vean como enemigos.

En los últimos años Italia ha experimentado una gran afluencia de inmigrantes, mientras que la cuotas de reparto establecidas por la Unión Europea se han incumplido. Ante esta situación, Italia se ha cabreado y un tipo como Salvini ha convencido a la población en un momento determinado de descontento social y de tensiones por los graves problemas económicos. Este fenómeno puede reproducirse aquí en pocos meses, como ya ha ocurrido en Andalucía. La responsabilidad se la podemos atribuir a la extrema derecha, a Salvini, a Trump… pero si no somos menos arrogantes y no aceptamos que los principales culpables son los partidos tradicionales a nivel europeo, es decir, los partidos socialdemócratas y demócrata cristianos, así como las nuevas fuerzas que han irrumpido en el escenario político carentes de autocrítica, vamos encaminados a una situación cada vez más complicada.

Con la desaparición de embarcaciones de ONG de rescate en el Mediterráneo como el Aquarius y el barco de Proactiva Open Arms, ¿quién se hace cargo de los náufragos?

Supongo que Frontex. La Unión Europea dispone de equipos militares que están interviniendo para salvar vidas. Lo que desconozco es si tiene capacidad suficiente para cubrir todo el Mediterráneo, desde Marruecos hasta Egipto. Evidentemente, con ONG civiles y con militares en el Mediterráneo han muerto muchísimas personas, de hecho este mar se ha convertido en la tumba de miles de emigrantes en los últimos años. Si se piensa que pagando a las milicias libias, equiparables a las mafias, esto va a solucionarse es difícil que alguien se lo pueda creer. Y sin la presencia de barcos civiles nunca sabremos cuántas personas mueren o si fallecen más de los que ahora lo hacen.

¿Cómo era una jornada de rescate para los voluntarios de Proactiva Open Arms?

Era un día a día durísimo, con turnos muy largos de vigilancia para descubrir pateras, de noche y de día. Unos cocinaban, otros limpiaban el barco, otros estaban en los hospitales con los evacuados, cuyo traslado podía durar tres o cuatro días hasta la llegada a puertos italianos, sobre todo en Sicilia. Había veces en que los rescates duraban 14 horas seguidas. De hecho, he visto voluntarios que se montaban en las zodiacs de rescate, donde tenían que comer y hasta mearse encima, en una labor sin descanso.