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Alejandro Palomas: “Cuando creemos que lo tenemos todo controlado, la vida te demuestra lo contrario”

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Alejandro Palomas en el Hotel Abba Centrum de Alicante - © María Gilabert / Revista Casa Mediterráneo
Alejandro Palomas, flamante Premio Nadal 2018 por su novela “Un amor”, estuvo el pasado 15 de junio en Alicante para participar en el ciclo ‘Escritores y Mediterráneo’ organizado por Casa Mediterráneo en una sesión celebrada en la Sede Universitaria de la UA, así como para poner el broche a la segunda temporada de cenas literarias del ciclo ‘El sabor de las palabras’ en el Hotel Abba Centrum.

Traductor y filólogo, Palomas cursó estudios de Filología Inglesa en la Universidad de Barcelona y se especializó en Poesía en el New College de San Francisco (EE.UU.). Ha trabajado como traductor en importantes editoriales y ha colaborado en diversos medios de comunicación, compaginándolo con su labor de escritor. Entre sus obras destacan “El tiempo del corazón”, “El alma del mundo” (finalista del Premio Primavera) y “El secreto de los Hoffman” (finalista del Ciudad de Torrevieja). Su trilogía, formada por “Una madre”, “Un hijo” y “Un perro”, le ha valido el favor de los lectores.

En “Un amor” (Destino), la noche previa a una boda, una llamada pone a prueba la armonía de una familia. Un tema, el de los sentimientos, que impregna las novelas de Alejandro Palomas y que tantas alegrías está proporcionándole. El autor, acompañado por Marina Vicente (Ed. Mankell), nos concedió una entrevista llena de franqueza y humanidad, en la que nos desvela las huellas que le ha dejado el acoso que sufrió de niño, su amor por la literatura desde que tiene conciencia, los entresijos de su proceso creativo y los proyectos que ocupan su mente.

He leído que el fenómeno del acoso infantil es muy importante para ti, no en vano lo sufriste de pequeño. ¿Qué huella te ha dejado en tu obra y en tu vida?

En mi vida me ha dejado mucha huella. Algo que no entiende la gente respecto al acoso infantil -y no voy a expresar la palabra bullying porque no la entiendo- es que lo importante no es el infierno que pasas cuando lo sufres, sino que lo esencial viene después. Tú no dejas de ser nunca una persona que lleva un niño dentro y este niño no calla nunca. Tienes que aprender a convivir con ello, que es algo que modula tu personalidad e influye muchísimo en tu vida, básicamente en la confianza. Yo soy una persona que no puede confiar absolutamente en nadie del todo. Tengo una pared que no puedo atravesar nunca. Vivo en una especie de campana de cristal. Siempre que alargo el brazo toco cristal, no toco piel.

Alejandro Palomas: "Cuando creemos que lo tenemos todo controlado, la vida te demuestra lo contrario" en DESTACADOS LITERATURA

¿Pones tú esa barrera? ¿Ese muro permanece incluso con personas de plena confianza?

Está ahí. Nunca voy a poder romper esa barrera.

No obstante, con el paso del tiempo, ¿todo se supera?

Absolutamente, lo que pasa es que para eso yo he tirado mucho de terapia. Tienes que trabajártelo mucho, con lo cual, si estás dispuesto a hacer ese trabajo y ese esfuerzo, sí. Tengo una vida muy plena, pero vivo en una campana de cristal, que no he elegido yo; ése es el problema.

La protagonista de ‘Un amor’, Premio Nadal 2018, es una señora que aparece en dos de tus novelas anteriores. En este nuevo libro, ella descubre algo que resquebraja un acontecimiento feliz e importante en su familia, la boda de su hija. ¿Cómo algo inesperado puede acabar con la felicidad y hasta qué punto puede ocultarse este hecho para no poner en riesgo el equilibrio familiar?

Lo importante de esto es que no controlamos nuestra vida. Todo nos lleva a creer que somos los dueños de nuestra vida y que la controlamos al cien por cien, cuando en realidad la vida también juega un papel importante, la vida hace, no es un elemento pasivo. Estamos rodeados de mil millones de cosas, de gente que actúa e interactúa, de tiempo, de espacio… somos una parte del engranaje, no el único. Con lo cual, cuando creemos que lo tenemos todo controlado, normalmente la vida te demuestra que no es así. Entonces, aparecen los imprevistos, que son los que dan vida a la vida. Sin imprevistos, esto sería un aburrimiento. Y de ahí nace la ficción y la creación, de ese reconocimiento de que la vida juega también, jugamos todos.

Lo inesperado en ocasiones puede ser positivo. En este caso, lo inesperado parece negativo.

Parece que es negativo, pero a veces las apariencias engañan. Por un lado, las cosas son y, por otro, son cómo las vivimos. Es como el tiempo. Existe el físico y el emocional, que es algo totalmente distinto. Cuántas veces hemos pensado que hemos vivido un segundo en nuestras vidas que nos ha parecido seis vidas enteras y cuántas veces seis horas las hemos vivido en un segundo, todo depende del reloj que tienes aquí dentro.

¿Cómo te lanzaste como escritor al mundo de la literatura? 

Yo escribía desde pequeño y sabía desde entonces que iba a ser escritor. Era de esos niños que escribían, que inventaban cuentos, historias… se me daba muy bien. Hay niños que nacen y empiezan a dibujar enseguida. Yo escribía, encontraba ahí un canal que era mío, mi sitio, donde estaba encajado. Para mí ha sido sido lo más natural. Siempre he sentido que estaba hecho para esto, que era mi forma de relacionarme con el exterior.

Tus novelas hablan de sentimientos. ¿Crees que las personas leen novelas por esta razón? ¿Por curiosidad hacia las vidas ajenas para sentirse reflejadas, comparar o conocerse mejor a uno mismo?

Alejandro Palomas: "Cuando creemos que lo tenemos todo controlado, la vida te demuestra lo contrario" en DESTACADOS LITERATURA No lo sé. En mi caso en particular no estoy muy seguro. Creo que lo que más atrapa es sentirte dentro de una historia que no es la tuya, pero no verla, sino de repente estar ahí dentro y formar parte de algo. Creo que es importante esa sensación de que formo parte de esa familia

Para eso es necesario que el lector se crea a los personajes, hacerlos de carne y hueso. ¿Cómo consigues construir a tus personajes?

Eso para mí es lo más fácil del mundo. Simplemente, no hay que tener artificios. Los personajes son personas, no hay más. Es como los diálogos, a los que la gente les tiene miedo, pero son lo más fácil del mundo; sólo hay que escuchar, no tienes que poner nada de tu parte, tiene que ser de verdad. Se trata de observar a la gente. Las personas somos A, B y C, con diferentes combinaciones. No es muy misterioso. La condición humana no es muy misteriosa. Hay que hacer diversas combinaciones con los diferentes elementos, que son pocos.

Eres como un trilero: tienes tres posibilidades y combinaciones. El misterio es cómo comparto yo eso contigo, cómo te lo pongo para que lo hagas tuyo. Escribir cosas que sumen a quien esté al otro lado. Una novela es como una carta que envías. Si el receptor no está en casa y no la abre nunca, no sirve para nada. Cuando consigues que haya una emisión y una recepción entonces la novela tiene vida. Todas esas personas que escriben y te dicen “yo escribo para mí”, mienten, nadie escribe para uno mismo y lo publica, o estás loco o mientes. Tú escribes para llegar al otro, es una forma de salir de ti y buscar a alguien.

¿Es gratificante que la gente te diga que se ha sentido identificada con tu novela?

Sí, es muy gratificante, y además lo bueno que tengo es que me lo dicen. Y a mí me encanta que me lo digan.

¿Cómo te lo dicen? ¿Por las redes sociales, en ferias del libro…?

Sí, de todas las maneras, también por la calle. Me reconocen, algo con lo que yo flipo. Te dicen cómo les llega y eso me gusta mucho.

La mayoría de los escritores a los que he entrevistado me ha confesado que escribir una novela resulta muy absorbente. Algunos incluso se levantan a media noche a escribir ideas que se les pasan por la cabeza mientras duermen. ¿A ti te ocurre? ¿Cuánto tiempo te puede llevar hacer una novela?

Hay dos tipos de trabajo en una novela. El previo me suele llevar unos seis o siete meses más o menos. Es un trabajo muy inconsciente, en el que mi mente empieza a barruntar mientras hago mi vida, empieza a formarse la tormenta en mi cabeza, empiezan a dar vueltas las nubes. Es como cuando ves que se forma una tormenta en el Caribe, primero es una tormenta desecha y luego se convierte en un huracán de nivel 1, 2, 3… y toca tierra a Florida. Cuando todo eso toca tierra es el momento en el que yo empiezo a teclear. Ahí puedo tardar unos cuatro o cinco meses. Ése es un trabajo ya físico, porque en mi cabeza la historia está hecha. Pero yo jamás tomo notas de nada y cuando  se me ocurren ideas durante la noche no me levanto. Pienso que si al día siguiente siguen estando, valen; si han desaparecido es que no tenían valor.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Uffff. Saco poemario en septiembre, en marzo del año que viene publico la segunda parte de “Un hijo”, del que precisamente acabo de terminar el guión de la película, y en un par de meses voy a empezar el guión de “Una madre”.