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Diego Carcedo: “Desde que estuve en Vietnam no he recuperado bien el sueño”

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El veterano periodista Diego Carcedo es uno de los rostros más conocidos de la televisión en nuestro país. No en vano, a lo largo de su trayectoria ha cubierto las guerras de Vietnam, las independencias africanas de las colonias portuguesas, ha sido corresponsal en Portugal y el África subsahariana y en Nueva York.

Tras acabar sus estudios de Historia y de Periodismo comenzó a trabajar en el diario La Nueva España, de Oviedo, y en 1974 ingresó en Televisión Española, entrando a formar parte de los servicios informativos. Ese mismo año se incorporó al equipo del programa ‘Los reporteros’, junto a figuras del prestigio de Miguel de la Quadra Salcedo, Javier Basilio o Jesús González Green.

En 1978 fue nombrado corresponsal de TVE en Lisboa, cargo que ocupó hasta 1984, en que fue trasladado a Nueva York. En 1989 fue nombrado director de los Servicios Informativos de TVE y en 1991 director de Radio Nacional de España. Durante ese tiempo, además presentó, junto a Julio César Iglesias ‘Los Desayunos de RNE’. Desde junio de 1996, en que cesó de su cargo, hasta enero de 2007 fue miembro del consejo de administración de RTVE, y en 2006 fue elegido Presidente de la Asociación de Periodistas Europeos.

Junto a su labor periodística, ha desarrollado una prolífica faceta literaria: entre otros, ha publicado los libros ‘Neruda y el barco de la esperanza’, ‘El Schindler de la guerra civil’, ‘Sáez de Santamaría, el general que cambió de bando’, ‘Fusiles y Claveles’, ‘Los Cabos sueltos sobre el 23-F’, ‘Un español frente al Holocausto’ y la novela ‘El niño que no iba a misa’. ‘Entre bestias y héroes: los españoles que plantaron cara al Holocausto’ ganó el Premio Espasa de Ensayo en 2011 y acaba de publicar ‘Sobrevivir al miedo’ (Ediciones Península), un libro de memorias en el que relata algunos de los muchos episodios que han marcado su vida, en los que ha tenido que hacer frente a varios tipos de temores, tanto físicos como emocionales.

Diego Cardedo estuvo el pasado 15 de mayo en Casa Mediterráneo en el marco del ciclo ‘Periodistas y el Mediterráneo’ para hablar de esta obra y de sus impresionantes experiencias periodísticas en una época enormemente convulsa en la historia contemporánea. Como no le gusta que le hablen de usted, le tuteamos en esta cercana y valiente entrevista concedida a la Revista Casa Mediterráneo.

En referencia a tu libro, ‘Sobrevivir al miedo’, aunque esta pregunta es posible que te la hayan planteado muchas veces, no puedo resistirme a hacértela…

Todas las preguntas me han hecho sobre ‘Sobrevivir al miedo’, en estos dos meses, se multiplican por cinco o seis veces, de manera que me puedes preguntar sin temor.

¿A qué miedos has sobrevivido, cuáles han sido los que más te han afectado y que conservas más vivos en tu memoria?

Yo he pasado muchos miedos en la vida. He sobrevivido a muchos miedos desde pequeño. Siempre tuve miedo a muchas cosas, me da la impresión de que es algo muy común. A lo largo de mi vida personal y profesional he pasado por miedos físicos, a los tiros, por ejemplo, y a las guerras -he estado en siete y alguna durante largo tiempo, viviendo momentos muy complicados-. También tuve miedos, como al ridículo, uno de los que más me preocupan, y alguna vez que lo he sentido lo he pasado muy mal. De hecho, a veces he preferido callarme por miedo a hacer el ridículo. Además soy muy vehemente.

Y en tercer lugar, también he tenido miedo -y eso es fruto ya de la experiencia de otros peligros que te dejan secuelas- a la conciencia; a cosas que haces, que vives, a momentos en los que has tenido que tomar decisiones de las que ahora te arrepientes, con las que no estás de acuerdo, te atormentan… Y yo soy una persona que lo pasa mal recordando cosas, aunque hayan pasado muchos años.

Para empezar, no me gusta hablar de mí, pero lo que sí hago es pensar mucho, sobre todo desde que estuve en Vietnam, desde entonces no he recuperado bien el sueño, y por las noches a veces me acuerdo de ciertas historias. No tengo conciencia de haber hecho, queriendo, nada grave contra nadie en la vida, pero me arrepiento de muchas cosas que he hecho.

Y en este caso del libro, sobre todo hay un episodio sobre el que me preguntan continuamente, y cada vez que lo hacen me acuerdo una vez más, y de eso han pasado más de 40 años, y me arrepiento de haberlo incluido. En el libro metí 20 episodios, aunque podría haber insertado 200.

He procurado diversificarlos, por momentos históricos o acontecimientos importantes, a lo largo de cuarenta y tantos años, clasificándolos por temas de hechos a los que yo asistí, donde participé y de los que informé. Aparte, fui presidente de muchísimos organismos, como del Comité de Expertos de Radio Televisión Española, participando en todo tipo de situaciones conflictivas, delicadas y duras, de las que seleccioné veinte. Y me arrepiento de haber seleccionado ésa y en cambio haber dejado otras también interesantes, por diversificar geográficamente -ésta se ubica en América Latina-, porque me resultó muy dura y, en fin, esa historia me dejó la conciencia un poco tocada.

Diego Carcedo: "Desde que estuve en Vietnam no he recuperado bien el sueño" en DESTACADOS LITERATURA
Diego Carcedo en el encuentro celebrado en Casa Mediterráneo, moderado por Sonia Marco – © María Gilabert / Revista Casa Mediterráneo

Aunque sea resumidamente, con una pincelada, ¿cuál es esa historia?

Si hubieses leido el libro la sabrías ya.

Al principio de la entrevista te confesé que no había tenido tiempo de leer el libro por exceso de trabajo y lo sentía. No obstante, quienes no la hayan leído todavía, como yo, querrán conocerla.

En esa historia no pasé ningún peligro, ahí no había tiros. Estuve cubriendo un terremoto en el Perú, terrible, donde hubo 70.000 muertos. El último día, cuando iba a llevar las imágenes a Lima, había un helicóptero esperando al equipo, a una periodista argentina y al fotógrafo que la acompañaba, a quienes íbamos a llevar con nosotros, y al atardecer, en un campamento de refugiados con miles de personas en condiciones penosísimas, donde no había nada, en una zona muy húmeda, metidos en agua… fuimos derechos al helicóptero.

Se fueron subiendo todos y yo me quedé el último, y cuando estaba a punto de coger la escalinata se me acercó una mujer india, era casi de noche, el piloto del helicóptero estaba muy nervioso porque oscurecía, no podría volar y me decía que me diera prisa. Esta mujer llevaba a un bebé de días en los brazos y me dijo: “Tenga, le regalo al niño, lléveselo”. Le contesté que no podía, que me iba a España. Me contó que llevaba tres días sin comer y no tenía leche para darle. Se sacó un pecho, estéril completamente. Y cada vez que me acuerdo, yo que no tuve hijos… fue muy duro. Entonces me dijo ella: “No se preocupe, mire usted, cuando llegue al sitio que sea, en la primera casa que vea déjelo en la puerta, llame al timbre mucho rato y márchese, que ya saldrá alguien y quien salga no le dejará morirse. Y a mí se me muere”. Se me saltan las lágrimas cada vez que lo cuento.

Luego hubo un compañero que escribió un artículo en el periódico El Economista, elogiosísimo, del libro y aludió a la historia, lo que creó inmediatamente una reacción de cartas al diario. A raíz de ahí, algunos miembros de la Asociación de la Prensa de Madrid quisieron montar un debate, porque siempre hay gente muy lista que diagnostica, sobre si un periodista en unas circunstancias de ese tipo debe dar preferencia a mandar la crónica o a atender esa situación humanitaria. ¡Pero qué cojones importa! -perdona, soy muy mal hablado-. Yo, discutiendo eso, si no es discutible. En esos momentos se te pasan por la cabeza muchas ideas, todos los problemas, y no te planteas lo de la crónica. Yo me negué. Dije que a hablar de eso no iba.

Si tú estás allí no sabes qué harías; como tampoco lo sé yo si esa situación se repitiese, porque pasé por otras, también de momentos dramáticos.

Además, no debe ser tan fácil llevarse a un bebé. Te pueden acusar de secuestro.

Yo puedo decirte que no entré en eso, ni especulé. No busco disculpas. Para empezar, el piloto seguramente no me habría dejado subirlo. Cuando salimos de Vietnam, otro de los temas que sale en el libro, éramos cinco, dos periodistas británicos, un japonés y dos de TVE, y en aquella locura por Saigón, que duró todo el día, la inglesa, que era de la televisión independiente británica cogió a un niño de unos cinco años que estaba perdido. Lo subió al autobús, no sé cómo lo coló, y lo metió en el barco, se lo llevó a Inglaterra y lo adoptó. Después mantuvimos el contacto. En aquel barco iba una chica franco vietnamita que era croupier de un casino, que iba como refugiada y se pegó a nuestro grupo de occidentales; la mayoría era vietnamita.

Después de aquello, la inglesa me llamaba con frecuencia para hablarme del niño y me hacía mucha gracia porque me dijo que un día estando en Marbella, Michael, que es como se llama, me vio en la televisión. Me reconoció. La inglesa localizó a la francesa, que vivía en Francia, y le pagaba todas las semanas un viaje a Londres para que pasara dos días con el niño hablándole en vietnamita. En un viaje a Londres fui a ver al niño y estaba muy bien, tendría unos 8 años, y el marido de la periodista se partía de risa al recordar cuando la vio llegar con un niño a la vuelta de Vietnam.

Tú que has vivido estas situaciones, luego te fuiste a Nueva York como corresponsal, donde cubrirías las reuniones de la ONU. El contraste entre estar en el sitio del conflicto y en los despachos donde se toman decisiones debió ser fuerte. 

El despacho que tenía era estupendo, en la Calle Madison.

Me refiero a los despachos de la ONU, donde se negocia el fin de muchos conflictos.

Las noticias de la ONU suelen interesar muy poco en España, pero bueno yo las hice. De hecho, en Nueva York tenía a Rosa María Calaf de adjunta. Teníamos el trabajo repartido, yo me encargaba más de la política y ella se movía más por los Estados cubriendo la información social y cultural, porque aquello es tan grande y genera noticias de todo tipo. Y claro además procurábamos, que era la idea, ampliar el ámbito de la información, no sólo la política -que acaba siendo un coñazo- y de la ONU. Rosa era la que iba todos los años a los Oscar, trataba los temas de la mafia… En ocasiones también se trasladaba a los países vecinos, como Canadá, a hacer entrevistas, a cubrir el referéndum de Quebec, cuando fueron los Reyes al país, con la caída de Duvalier en Haití fue de enviada especial… Somos muy amigos. Fue la que presentó mi libro en Madrid y en Barcelona. Y cuando viene a Madrid se queda en mi casa. Hace tres semanas hicimos una conferencia juntos en Salamanca.

Nueva York es el centro del poder, te encuentras tú solo. Todos los días veía los telediarios para saber lo que pasaba en el país, porque cubrirlo todo era imposible. ¿A qué ibas personalmente? Yo solía ir a Washington, a donde es muy fácil trasladarse porque hay un puente aéreo, con aviones que hacen esa ruta continuamente. A veces iba allí a cubrir las conferencias de prensa de Reagan cuando era Presidente, luego las de Bush padre…

La Era Reagan, ¿qué te pareció? Al principio, al tratarse de un actor de Hollywood, no era tomado muy en serio. Pero luego demostró tener grandes dotes de mando.

Reagan me pareció bastante buen Presidente, porque lo hacía muy bien, tenía una gran dialéctica y un buen equipo, que empezaba por Bush padre, que era vicepresidente, alguien muy importante. Era un comediante que lo hacía realmente bien, muy de derechas, se llevaba muy bien con la Thatcher… A mí me creó todos los problemas del mundo, mis crónicas fueron etiquetadas aquí en España por todo el PP, y porque no existía Vox; se metían conmigo furibundamente porque decían que era muy anti Reagan y me hicieron unas campañas enormes en Madrid. También habrá colaborado un pelín la Embajada norteamericana. Cubrí la segunda toma de posesión de Reagan y me ocurrieron muchas historias.

¿En qué otros países has estado como corresponsal?

Antes de Estados Unidos estuve en Portugal, seis años, y en ese tiempo recorrí todo África, porque era corresponsal para ambas zonas. Todas las colonias portuguesas estaban en guerra, fueron las independencias, asistí a todas, pasé momentos muy difíciles, en la Guerra de Angola especialmente. Entrevisté a todos los primeros presidentes de esas colonias. Y aparte de esto, en ese medio tiempo me llamaron de Madrid para pedirme un favor secreto para que acompañase a una comisión ministerial, que presidía el Ministro de Asuntos Exteriores y encabezaban cinco directores generales -creo que no debería contarte esto-, con el lío de la independencia de Canarias, para convencer a los gobiernos africanos de que no votasen en la OUA que Canarias era una zona africana a descolonizar.

Aunque fuese territorio africano geográficamente, era territorio español, por la cultura, por la religión, por la lengua, 500 años, etc. Me pidieron a mí que, muy confidencialmente, porque yo he hecho de todo en la vida, me incorporase a ese equipo en esos viajes como agregado de prensa. Era el que llegaba a un país y hacía el papel contrario al mío: contaba a la prensa el resultado de las reuniones, oculté verdades (y algunas gordas), pero mentiras nunca dije. Estuve a punto de meter algún tema de éstos, de esa etapa, en el libro, pero al final no lo hice.

Te da para otro libro.

Diego Carcedo: "Desde que estuve en Vietnam no he recuperado bien el sueño" en DESTACADOS LITERATURA Para cinco o seis (risas). No sé si la editorial estaría interesada. Yo tuve muchas ofertas para escribir libros de ese tipo, pero no quise. Éste es el décimo segundo. En ninguno hablé de mí, Dios me librara, y ninguno en primera persona. Y aquí fue una carambola. En febrero del año pasado me llamaron del ABC para pedirme un artículo sobre un aniversario de Vietnam, con mucha urgencia, para el domingo. Me lo pidieron el jueves por la tarde, lo querían el viernes por la mañana y yo escribo muy rápido. Por la mañana me senté deprisa y corriendo y lo escribí. Me salieron 800 palabras, cuando me pedían 600, y se lo mandé al Jefe de Internacional. Le dije que lo cortara él, ya que yo no tenía tiempo para eliminar 200 palabras. Y me llamó a la media hora diciéndome que estaba fenomenal y que no me preocupara, que me darían dos páginas en vez de una. Quedó cojonudo y fue increíble. Tuvo una cantidad de lectores impresionante aquel reportaje, que en parte sale ampliado en el libro. Me llamó el director de ABC para ver si colaboraba más a menudo. Le dije que como mi padre era muy de derechas estaría encantado, porque sabía que yo era más bien rojo (risas).

Entonces, a la vista de eso, me llamaron de la editorial para ver si me interesaría escribir unas historias o mi biografía. Le di unas cuantas vueltas, ya que escribía mis columnas, estaba terminando una novela sobre terrorismo… Me cogió el mes de agosto, que no pudimos salir de Madrid, y estaba mi suegra, la madre de Cristina (Sánchez Ramos), que estaba muy mal. Yo como lo de aburrirme lo llevo mal, me puse a escribir y en veinte días lo terminé, a capítulo por día. La editorial me dijo que estaría bien que estuviese listo para las ferias del libro, y que lo entregara el día 27 de agosto. Pero el 25 se lo mandé.

Volviendo a las guerras, de todas las que has vivido, ¿has presenciado que en alguna de ellas la población civil fuera objetivo militar? En la guerra de Siria, por ejemplo, lo ha sido.

Sí, hubo algún caso, en alguna de las menores. Por ejemplo, en Angola, en los últimos días de la guerra, cuando ya los portugueses anunciaron la independencia, en los musseques, en los barrios del país, muy pobres, allí había tiros en todas las direcciones y murió mucha población civil. En las guerras eso es inevitable. En la de Vietnam vi morir a mucha población civil. Recuerdo una vez que llegamos a una aldea y era un campo llano el delta, sembrado de cadáveres, había cientos de ellos. Habían bombardeado y toda la gente que estaba trabajando en el campo murió. Ahora, que fuera un ataque directo contra ellos, pues no lo sé. Que fuese intencionadamente, desde luego en el caso de los americanos no lo era, ni contra la población civil, ahora, morían como moscas.

En la Guerra Civil española, que es la que tenemos como referencia, que fue terrible, había dos bandos frente a frente, que luchaban, lo que pasa es que muchos civiles caían, en el medio. Yo siempre mantengo que los periodistas vamos a una guerra y estamos cubriendo un lado y otro, y puedes caer porque estás en medio, no porque vayan a por ti normalmente. Aunque en las guerras también pasa, que te quieran matar para quitarte de en medio, para que no cuentes algo que no quieren que se sepa, por supuesto.

Cuando se va a por la población civil se suele tratar de terrorismo, pero es otro tipo de guerra que está dándose mucho ahora. Hay dos tipos de guerra nuevos. La guerra ha cambiado mucho. La convencional es una guerra que está tendiendo a desaparecer. Evidentemente, Siria era o es una guerra muy complicada, porque había muchos frentes combatiendo, no era un ejército y unos enemigos concretos, sino varios, se juntó todo. Los kurdos por un lado, los del ISIS por otro, los enemigos de Al Assad por otro, se metieron por medio los americanos, los rusos…

Hay una guerra en la que yo no estuve, la de Irak, pero hablé con colegas que sí la cubrieron y discutiendo con ellos me dijeron que ésta fue muy difícil para los periodistas, pero muy poco peligrosa, porque en su mayor parte se hizo a distancia, por la artillería que bombardeaba desde la flota a 2.000 kilómetros, y ahí donde caían las bombas, caían. Las bombas de ahora son de una precisión verdaderamente asombrosa.

Yo lo vi en Vietnam, ya en la base de Bien Hoa, donde me hice amiguete de un teniente coronel que estaba en una zona de control de radar de los bombardeos, dando órdenes a los aviones que despegaban desde Bangkok y bombardeaban Vietnam del norte y les daban las coordenadas exactas: Por ejemplo, darle a ese tiesto que está ahí, y le daban, con total precisión. Por eso se va a objetivos militares estratégicos en las guerras modernas, de cañonazos, aviación, bombardeos… Ahora, hay bombas que se pierden, pero no son ataques como el de Hiroshima. No obstante, en Vietnam, por ejemplo, había bombardeos en zonas del Vietcom como gas naranja, que destrozaban todo, aldeas enteras, aunque no fuesen el objetivo.

En muchas guerras, como las de la Ex Yugoslavia o Siria, había francotiradores que apuntaban directamente a la población civil.

Bueno eso ocurre en casi todas las guerras, pasó en Beirut, entre otros lugares. Hay que pensar que, por ejemplo, en las guerras en las que yo estuve, había ejércitos regulares más o menos organizados, y luego guerrilleros, como el Vietcom en Vietnam, los independentistas en Angola o los palestinos en Beirut… Ahí los militares regulares funcionan con una disciplina y un orden, pero los otros disparan con lo que sea. Unos militares profesionales van protegidos y disparan contra un objetivo, como un cañón que les está disparando, lo localizan y van a por él.

A mí me pasó en Vietnam, de pronto nos meten un cañonazo; íbamos Vicente Romero, que entonces trabajaba para Pueblo y yo, con unos ingleses y otros extranjeros. El cañonazo cayó a nuestros pies, el inglés sangrando por la espalda, Vicente Romero había bajado por una colina a coger unas coca colas de un puestecillo, porque estábamos muertos de sed. Yo aquel día estaba tan sediento que cogí, con el casco de un soldado, agua de un charco; no me he muerto de casualidad. Al poco rato cae el cañonazo, que había hecho un hoyo de más de un metro de profundidad y veo que viene Vicente, al tiempo que disparaban. Le grité a Vicente: ¡Joder a tierra, a tierra. Date prisa! Hace poco estaba con él y se lo conté a su hijo, a quien nunca se lo había relatado.

Volví por la tarde a ese lugar y cogí el obús para llevármelo de recuerdo. Me lo llevé al hotel, estaba todavía caliente. Aquello fue fetichismo, pero luego no pude sacar nada del país, ni la ropa.

La última pregunta: Fue Presidente de la Asociación de Periodistas Europeos, ¿a qué se dedica esta institución?

Ésta es una asociación que se creó hace sesenta y pico años en Europa. Cuando se constituyó la Unión Europea, se creó una asociación de periodistas promovida por la UE para respaldar, desde el periodismo, el proceso de integración. Se contó con periodistas de los seis países iniciales de la UE, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Francia, Italia y Alemania. Después, conforme se fueron incorporando otros países, se fueron creando secciones en otros Estados y España no podía porque era una dictadura. Aunque hubo periodistas que lo solicitaron, no se admitió, al no haber libertad de prensa. Cuando llegó la democracia se fundó la sección española, cuando España entró en la Unión Europea. De esto hace treinta y pico años, alrededor del año 80.

La asociación, que presido pero que dirige Miguel Ángel Aguilar, como secretario general, que está más presente que yo, organiza una serie de actividades, casi todas relacionadas con Europa, pero para nuestros socios todas las semanas tenemos comidas con personajes de la vida pública. Durante los últimos meses han pasado todos los ministros, los líderes de la oposición, la directora de Twitter en España, el Presidente del Círculo de Empresarios…

Son comidas off the record, nos juntamos 15 ó 20 periodistas, casi todos directores, subdirectores, jefes de sección relacionados con la información internacional y económica. Ahí están desde la directora de 20 Minutos, de El País, pasando por el subdirector de El Mundo, la editora del ABC… Periodistas de mucho relieve, algunos jubilados, pero que siguen escribiendo columnas. Aparte de esto, participamos en las actividades internacionales, porque ahora hay secciones en veintitantos países.

He sido Presidente Internacional cuatro años, dos veces, además de Presidente de España. Todos los años se organizan congresos, este año va a ser en Eslovaquia. Como ex presidente me llaman a veces para dar conferencias en distintos países. Un día, en una cena de la comunidad judía en Madrid, con la que tengo mucha relación -de hecho todo el mundo piensa que soy judío, lo parezco por mi aspecto, pero no lo soy-, estuvo la entonces directora de Casa Mediterráneo, hace unos cuatro años me dijo que viniera a dar una conferencia aquí.