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Fernando J. Múñez: “La sociedad patriarcal del siglo XVIII ponía a las mujeres al límite del precipicio”

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Fernando J. Múñez en Casa Mediterráneo - © María Gilabert / Revista Casa Mediterraneo

Fernando J. Múñez, filósofo, publicista, guionista y autor de libros infantiles y juveniles, debuta en el género de la novela con una obra deslumbrante: ‘La cocinera de Castamar’ (Planeta, 2019). Una historia ambientada en la España del siglo XVIII, donde la gastronomía de la época, ricamente detallada, sirve como hilo conductor para retratar las costumbres de un tiempo en el que las clases sociales marcaban por completo la vida de las personas y las mujeres estaban condenadas a una serie de roles de los que era prácticamente imposible escapar.

Intrigas, codicia, traiciones, amor y sensualidad confluyen en un libro que atrapa al lector desde las primeras páginas, al tiempo que le ilustra acerca de una época convulsa de la historia de España bajo el reinado de Felipe V, el primer Borbón de la dinastía española, que trajo consigo las exquisiteces gastronómicas de Versalles.

Fernando J. Múñez el 29 de abril ha pasado por la Librería 80 Mundos de Alicante presentando su ópera prima en el marco del ciclo ‘Escritores y el Mediterráneo’, que organiza Casa Mediterráneo, en un acto moderado por la editora Marina Vicente.

‘La cocinera de Castamar’ me ha recordado a grandes maestras de la literatura clásica como Jane Austen o las hermanas Brönte. ¿Cómo se le ocurrió la idea de recrear su historia en la España del siglo XVIII?

Me gusta mucho esa época en general. Una de las cosas que tienen la literatura y el cine es la capacidad para transportarte y adentrarte en otros mundos y en otras realidades que existieron. En este sentido, el siglo XVIII se me antojaba muy especial. Por un lado, estaba buscando una sociedad muy rígida, piramidal, donde los cambios sociales era prácticamente imposible que se dieran. Vivías y morías en el estado llano si nacías ahí y pasaba lo mismo si eras aristócrata.

Por otro lado, también me atraía el hecho de que había habido una guerra devastadora, brutal, que hacía que mis personajes partieran de un estatus en el cual no eran planos. El hecho de pasar por una contienda había dejado muchas cicatrices en los espíritus, muchas aristas y heridas, y me proporcionaba un marco donde mis personajes podían tener un background, un pasado que los dotaba de cierta profundidad.

También me venía muy bien el siglo XVIII por el hecho de que además de la guerra continental, que se había acabado, con Felipe V vino una corriente gastronómica absolutamente diferente a la que había en España y teniendo en cuenta que me interesaba el mundo de la gastronomía de aquella época, quería mostrar cómo existía también esa pequeña guerra entre esos dos mundos: la cocina española, que era mucho más dura de texturas y sabor, y bastante más especiada; mientras que en Francia, en Versalles, la cocina era mucho más suave, la especia se seguía utilizando pero no de esa forma tan masiva.

¿La gastronomía le sirve entonces para retratar las diferencias entre los estamentos de la sociedad?

Sí, la gastronomía me funciona muy bien, primero como modelo de analogía de esa sociedad, en la que dependiendo de lo que se sirviera en la mesa se sabía dónde se estaba. No existía la clase media, realmente la burguesía era muy minoritaria, aún no estaban instauradas las Reales Fábricas, que comenzaron en 1720. La sociedad estaba formada por el campesinado, el pueblo llano, y la burguesía de los talleres, y yo quería que la gastronomía fuera el reflejo de esas clases sociales. No era lo mismo lo que comía un campesino, normalmente legumbres; o un burgués o un aristócrata, que solía tener cinco servicios y estaba acostumbrado a comer carne, que era el valor más apreciado por excelencia, en concreto la volatería, la carne de ave, considerada la más sublime. Esa mesa puesta, independientemente de lo que hubiera en el entorno, ya indicaba a qué clase social se pertenecía.

Clara Belmonte, la protagonista de ‘La Cocinera de Castamar’, trae el refinamiento a esa casa. 

Por un lado, Clara es una muchacha instruida, muy culta, demasiado incluso para la época. De hecho, pone en jaque a todos los hombres de su alrededor y, por supuesto, a las mujeres, que tienen muchísima menos cultura que ella, porque no tenían acceso. Efectivamente, Clara viene a representar ese mundo nuevo entre clases. Un posicionamiento muy diferente a ambos estamentos; en ese sentido, ella está desclasada. Y como mujer culta que es ha echado mano de las lecturas. Una de las cosas importantes que se reflejan en la novela son los recetarios, que van desde la época romana hasta su actualidad. Ella se empapa de esos recetarios y trae esa sofisticación al mundo de Castamar, donde el Duque, deprimido por la pérdida de su mujer está encerrado, no quiere saber nada. Ese cambio que trae Clara a Castamar es lo que va a hacer que la hacienda, deprimida, que transmite esa primera imagen, bajo la lluvia gris inglesa, luego acabe de una forma muy diferente.

Ese refinamiento que Clara aporta a la casa se ve como una amenaza por ciertas personas del servicio, que entre otras cosas sospechan que ello va a suponerles más trabajo, y tratan con desprecio a la recién llegada.

No la tratan mal por ser una recién llegada, sino porque no encaja. Ella tiene modales y actitudes que son apropiados para un salón de baile, porque la han educado así, pero saludar a las pinches de cocina como si fueran otras señoritas no se entiende. Clara en en fondo, como te decía, está desclasada. En el momento en el que su familia cae en desgracia, tiene que vivir de la cocina, su mayor talento y pasión que antes ocultaba y ahora le da de comer. Sus comportamientos están fuera de la servidumbre. Hay un momento en la novela en la que un personaje le viene a decir esto: “Usted no pertenece a nuestro mundo, ni al del señor”.

Realmente, ella pertenece por sus modales y educación al mundo del Duque, pero la sociedad no le permite dar ese salto.

Fernando J. Múñez: "La sociedad patriarcal del siglo XVIII ponía a las mujeres al límite del precipicio" en DESTACADOS LITERATURA Efectivamente, ya no te digo Castamar, que es un grande de España, un fiel servidor del Rey, con quien tiene amistad personalmente, sino cualquier un duque en aquella época ni siquiera sabría quien está en sus cocinas, no se preocuparía de ello en una casa de ese porte. Sabe quién es el mayordomo y el bureo de la casa, el órgano que controla a toda la servidumbre, pero más allá de esto, el resto pasa totalmente desapercibido. Conectar esos dos mundos era difícil y para hacerlo de una forma real necesitaba un lenguaje que fuera secreto, que estuviera más allá de las palabras y que generara curiosidad en el Duque, y es lo que pasa con la cocina. Él se llega a preguntar: ¿Quién ha cocinado esto? ¿De dónde viene? Esa curiosidad por parte del Duque, así como el alma curiosa de Clara, que genera un encuentro algo desafortunado entre ambos, es lo que poco a poco consigue que esos mundos que están completamente alejados, que son espacios sociales totalmente separados, terminen de alguna forma conectándose y comunicándose.

La gastronomía también tiene un componente de sensualidad muy apreciable en la historia.

Una de la cosas que más me interesaba era que los lectores pudieran sentir hambre cuando leyeran el libro, que estuvieran oliendo y sintiendo estos aromas y sabores. Creo que la gastronomía tiene ese componente universal que todo ser humano, por la necesidad de comer y de disfrute de la comida, comparte y permite, si es que lo he conseguido, que se adhiera a la historia. Yo pretendía que ese lenguaje fuera más allá de una codificación de conexión, que tuviera sus propias expresiones, en los sabores, en los aromas, en las texturas… que desprendiera unas codificaciones que el lector pudiera captar rápidamente al tratarse de algo universal.

¿Este libro se podría calificar de feminista, en el sentido de que se rebela ante las limitaciones que impone la sociedad al nacer mujer?

Lo de feminista prefiero que lo digan otros, estaría encantado, de hecho. Lo digo porque hablando de feminismo en concreto, ahora hay una lucha y una necesidad de que las cosas cambien y en aquella época era implanteable. No quiero ser un abanderado del feminismo, ni ponerme en primera línea. Creo que los hombres hemos sido educados en el machismo, aunque no queramos, y debemos quitarnos muchos dejes que todavía conservamos, siempre vamos un paso por detrás. Decir que este libro es feminista podría hacer creer que quiero vender una bandera, a la cual me adhiero sin duda, pero de la que no puedo ser abanderado, creo que eso le corresponde a las mujeres.

En cualquier caso, sí te diré que para mí era muy importante poner el acento en las mujeres, porque en esa sociedad, y en casi todos los tiempos mirando hacia atrás, las mujeres han estado en una situación de debilidad absoluta, y me interesaba mostrar cómo esa sociedad patriarcal tan brutal del siglo XVIII ponía a las mujeres al límite del precipicio en todos los sentidos. No eran dueñas de sus ideas, ni de sus pensamientos, ni de sus cuerpos,… estaban predestinadas. Por ejemplo, la season inglesa,  esa temporada en la que las niñas de bien eran presentadas en sociedad como si fueran ganado, para que en un momento determinado llegara alguien para escogerlas, era un negocio. La educación femenina estaba dirigida a ese fin, a que se casaran. Y si no se casaban o no tenían hijos era un verdadero trauma.

En eso Clara constituye una mujer completamente atípica, porque es capaz de leer latín, inglés, francés, sabe matemáticas… pone en jaque a cualquier hombre, incluso ilustrado, de su época. Me gustaba ver cómo esas mujeres al final tienen que elaborar estrategias para su supervivencia en un mundo patriarcal. En el caso de Clara es la cocina, pero en el de otras puede ser cazar un marido o incluso matarlo. Todos los personajes femeninos, independientemente de la clase a la que pertenezcan, están sometidos a ese mundo patriarcal, y quería reflejarlo, porque creo que es muy importante saber de dónde venimos. No podemos olvidar nuestra historia; como alguien decía, si la olvidamos estamos condenados a repetir los errores del pasado. El profesor Lledó sostenía que somos historia y yo estoy convencido de ello.

Quizás este tipo historias escritas por las hermanas Brönte, Jane Austen o Choderlos de Laclos guste tanto a los lectores por su plena vigencia, salvando las distancias con las costumbres sociales de la época.

Fernando J. Múñez: "La sociedad patriarcal del siglo XVIII ponía a las mujeres al límite del precipicio" en DESTACADOS LITERATURA
Fernando J. Múñez – © María Gilabert / Revista Casa Mediterráneo

Creo que sí. Jane Austen y las hermanas Brönte escribían en su tiempo y para su tiempo, y se nota mucho la diferencia entre la interpretación cuando uno lee sus libros o en algún momento dado alguna de sus obras son trasladadas al audiovisual, cine o televisión, porque el mundo que se refleja desde nuestros ojos tiende a edulcorarlo. Y una de las cosas que he tratado en la novela es de no edulcorar demasiado.

Creo que es bueno que haya otro tipo de personajes, como los que aparecen en el libro, que pongan de relieve la realidad tan dura del siglo XVIII. Eso pasa cuando lees a Jane Austen. En ‘Mansfield Park’, ‘Orgullo y Prejuicio’ o ‘Sentido y sensibilidad’ se retrata muy bien la mezquindad humana, la mediocridad de situaciones como “yo quiero ir sentada en el pescante”, es lo mismo que lo que nos pasa hoy día al querer ir en preferente y mostrarlo en un selfie. Al final estamos repitiendo las mismas conductas, en otros contextos, pero no nos hemos alejado tanto.

Su madre le pidió que escribiera este libro. ¿Ha quedado satisfecha con el resultado?

Sí. ¡Qué me va a decir mi madre! (risas) A ella le gusta cualquier cosa que escribo. Ésta es mi primera novela publicada, pero he escrito otras que ha leído y ya la tenía ganada. Pero ‘La cocinera de Castamar’ le ha chiflado. Cuando entra a una librería pregunta cómo van las ventas del libro y afirma que el autor es su hijo. Luego me llama para contármelo.

Supongo que éste será el inicio de una carrera en el mundo de la narrativa.

Mi interés es que sea así. Antes escribía para dejarlo en un cajón hasta que encontré a mi agente, maravillosa, en cuyas manos he depositado mi carrera. Isabel Martín fue quien me llevó a Planeta y la que rige los destinos, así como la editorial, por supuesto; espero quedarme en la casa.

Esta historia parece bastante cinematográfica. ¿Se han planteado en algún momento llevarla a la gran pantalla?

En esto debo ser bastante prudente. Te diré que a la gran pantalla en principio, no, en todo caso a la pequeña. Pero lo mejor es hablarlo cuando se produzca. Mi deseo es que se lleve, pero con cierta serenidad, porque creo que la literatura debe tener su propio espacio. Estamos acostumbrados a pensar que el éxito de un libro consiste en que llegue a convertirse en una serie, y yo creo que su éxito radica en que sea literatura, que la consuman los lectores, que la devoren si es posible, que les arrebate como me arrebató a mí cuando la escribí. Luego, si se hace una obra adaptada y derivada a otro formato para mí será otro producto, porque tendrá otras características y seguramente no se podrá contar exactamente igual, ni fielmente, al libro, eso es imposible. Entonces, siempre digo sí, pero me lo tomo con calma, el libro debe tener su propio lugar.

En el terreno cinematográfico ha sido autor de cortometrajes, de guiones e incluso ha dirigido un largometraje, ‘Las nornas’, que precisamente se proyectó en 2012 el Festival de Cine de Alicante. ¿Cómo fue esa experiencia?

Maravillosa. Me lo pasé fantásticamente y el equipo disfrutó muchísimo. Es un thriller que no tiene nada que ver con Castamar. Rodolfo Sancho, el protagonista, es un policía infiltrado en una organización de asesinos de elite.

Su carrera profesional también está vinculada a los libros infantiles y juveniles.

Desde 2002 tenemos un estudio desde el que hacemos libros infantiles y juveniles, que es a lo que me he dedicado en los últimos años. Realizamos libros para diferentes editoriales, tanto dentro como fuera de España, por encargo o a través de la presentación de proyectos propios.

Volviendo al libro de ‘La cocinera de Castamar’, su presentación en Madrid ante los medios de comunicacion no fue precisamente un acto convencional.

Fue maravilloso. Menos yo, porque no me dejaron, todo el mundo iba vestido de época. No quedaba muy bien que el autor fuera disfrazado, pero aún así me coloqué una peluca que encontré por ahí para hacerme fotos. Fue una presentación extraordinaria que hizo Planeta en una finca que se llama Campillo, en la zona norte de Madrid. Se invitó a los medios a la presentación de la novela y se les ofreció un cocido.

¿El libro está funcionando bien, en el poco tiempo que lleva en las librerías?

Según tengo entendido está funcionando francamente bien desde que se publicó el pasado mes de febrero.

¿Esta obra le ha llevado mucho trabajo de investigación?

El trabajo de documentación ha sido arduo. Lo primero que hago es una visión general de la época, de acontecimientos históricos importantes, y luego dejo que la propia historia me vaya dictando los detalles. La documentación es importante, pero creo que no puede ahogar la historia, las voces de los personajes, ni el propio fluir de la narración. Tardé unos dos años en terminar el primer borrador y casi otros dos en dejarlo en algo publicable.

¿Fue difícil encontrar las recetas de la época?

No, porque hay bastante documentación, catedráticos de historia que están especializados en el tema, tesis doctorales de gastronomía… No ha sido demasiado difícil encontrarlo, pero luego tienes que leer en profundidad y seleccionar algunos de los recetarios más representativos de la época, incluso anteriores, del siglo XVII y hasta de la época romana.

¿Existe el Ducado de Castamar?

No, es completamente inventado. Me gusta más la ficción histórica que una novela histórica pura. También me siento más a gusto para poder introducir detalles o interpretar más libremente cierto tipo de historias. Necesitaba libertad para crear mi relato, que tiene que primar por encima de los datos netamente históricos.

¿Cómo consigue dar vida a los personajes? ¿Se inspira en personas reales? 

En el caso de Clara, por poner un ejemplo, sí hay mujeres en la época que eran adelantadas a su tiempo, incluso en el XVII como Marie de Gournay u Olympe de Gouges, que ya tenían rasgos que ella posee, pero son atributos que en un momento determinado vienen a completar la estructura del personaje. Soy un escritor de brújula, los personajes los creo a medida que voy creando la historia, les doto de profundidad y al final tienen su propia voz. Los propios personajes son los que te van susurrando hacia donde van. Yo nunca tengo la historia pensada al cien por cien. Tengo episodios, algunos de los cuales se producen y otros no. La arquitectura de esos personajes tiene que fluir sobre los cimientos que yo pongo, pero van creciendo.

Tengo entendido que lleva escribiendo desde muy pequeño.

Sí, de hecho llegué a la escritura antes que a la lectura. Matizo: lógicamente aprendí a leer antes que a escribir, pero escribía desde siempre mis relatos, mis cuentos, se los contaba a mi hermana… Y llegué mas tarde a la lectura, que me vino en ese momento en el que te mandan leer un libro en clase y descubrí que además de disfrutar creando una historia también podía recibirlas yo. Cuando di, por ejemplo, con Michael Ende a través de ‘La historia interminable’ quise leer de este autor todo lo que escribiera.

Estudiar la carrera de Filosofía, ¿le ha ayudado a la hora de construir la psicología de los personajes?

El hecho de estudiar Filosofía me ha ayudado en todo. Fue una carrera que escogí y que ha sido, en muchos sentidos, transformadora. Creo que Filosofía es posiblemente una de esas carreras que cuando uno la estudia en serio al final te transforma, porque te das cuenta de que, hasta cierto punto, en tu vida no has pensado adecuadamente. En la educación no se trata tanto del hecho de acumular conocimientos, como decían Rousseau, Montesquieu o Heidegger, sino también de saber interpretar y analizar los asuntos desde un pensamiento crítico.

Si algo me ha dado la filosofía, que me ha permitido crear personajes e historias, es precisamente esto: hacer una defensa importante del pensamiento crítico, saber pensar y analizar las cosas, entender que todos los argumentos se defienden en base a una lógica, que la lógica es un lenguaje que puede tener todo el mundo y que cuando dejamos que nuestros sesgos mentales terminan decidiendo por nosotros, no pensamos adecuadamente. La Filosofía para mí ha sido un antes y un después. He aprendido a pensar a través de la Filosofía y me gustaría que se pusiera en valor mucho más de lo que está en nuestra sociedad.

Más información sobre el autor, en la web de Planeta