Inicio LITERATURA Galit Dahan Carlibach: “La literatura me abrió una ventana a un mundo...

Galit Dahan Carlibach: “La literatura me abrió una ventana a un mundo más amplio y fascinante”

Compartir
La escritora israelí Galit Dahan Carlibach - © María Gilabert / Revista Casa Mediterráneo
Pese a su juventud, la enérgica escritora israelí Galit Dahan Carlibach (Sderot, 1981) ha publicado siete libros con gran éxito de crítica y lectores en su país, entre novelas, relatos cortos y ensayos, ha sido galardonada con prestigiosos premios, como el Prime Minister’s Prize for Literature en 2014, y ha recibido becas para participar en reconocidos programas internacionales de escritura.

Novelista, ensayista y guionista, entre sus obras se encuentran “The Locked Garden” (Zmora-Bitan, 2010), “On the Edge” (Zmora-Bitan, 2014), “Alice’s Storm” (Zmora-Bitan, 2017), “It’s me, Iowa” (Graff, 2018) y dos títulos juveniles de la serie fantástica Arpilea.

Todo este bagaje ha sido suficiente para que Casa Mediterráneo se fijara en ella para invitarla a participar en su Residencia de Escritoras del Mediterráneo a lo largo del mes de octubre, junto a la bailarina y coreógrafa Ravid Abarbanel, con el fin de establecer contactos profesionales y personales que incentiven su creatividad y fomenten el intercambio cultural entre ambos países.

La autora participará hoy, martes 23 de octubre a las 20 horas, en un encuentro en la Librería 80 Mundos en el que los asistentes tendrán la oportunidad de conocer su obra y su visión sobre un país tan fascinante y complejo como Israel.

¿Cuándo comenzó a escribir y qué le impulsó a ello?

Empecé a escribir a la vez que aprendí a leer. Es gracioso porque procedo de una familia de origen humilde y nunca pude tener  libros propios. Entonces, solía ir a la biblioteca con mi hermana a “robarlos”. Hoy en día suelo leer cinco libros a la semana, pero cuando era pequeña podía devorar hasta tres al día. Como mi hermana era muy tímida, mientras yo distraía al bibliotecario, ella aprovechaba para coger cinco libros y escapábamos. Por supuesto, luego los devolvíamos.

Odiaba el jardín de infancia porque nunca me gustó pintar, ni dibujar, ni las manualidades con plastilina. Pero cuando por primera vez vi el alfabeto me enamoré, experimenté sinestesia. Cada letra adquirió un significado para mí: alpha, beta… Fue como abrir una ventana a un mundo más amplio y fascinante.

¿Cuál es el aspecto que más le satisface del proceso de la escritura?

Sólo cuando termino un libro, antes es una auténtica pesadilla, un proceso deprimente. Vivo con mis personajes, que son muchos, y me molestan. Me dicen cómo quieren que les describa y les haga actuar, de manera que todo el proceso me resulta muy difícil. Cuando me siento a escribir, preferiría hacer cualquier otra cosa como lavar los platos o limpiar. Pero al final, cuando me encuentro realizando la última edición del texto comprendo lo que he hecho y siento una satisfacción plena. Eso es lo mejor.

¿Es un buen momento para los escritores en Israel?

No, esencialmente por dos razones. En primer lugar, debido a la generalización de los contenidos digitales la gente lee menos. Y en segundo lugar, es muy complicado escribir sin seguir los dictados de la moda, como los best sellers, la novela negra, la literatura gay… Para una persona imaginativa resulta complicado, porque no quiero someterme a limitaciones ni barreras. A todo ello se añade la crisis del sector. Mi primer libro vendió 5.000 ejemplares, siendo una escritora anónima, pero cada vez se vende menos. Es una situación que no sólo me afecta a mí. Hoy en día, si vendes 1.000 libros en Israel puedes considerar que has tenido éxito.

¿Qué temas abordan sus libros?

En general, estoy interesada en dos cuestiones. La primera de ellas, la familia, a la que no considero una garantía, ni un lugar seguro para vivir. De modo que en este espacio encuentro tragedias, padres y madres problemáticos… Para mí no es un  ideal. La segunda, la gente marginada de la sociedad, como las prostitutas o los alcohólicos. Por ejemplo, mi segunda novela trata sobre una joven geóloga maniaco depresiva, bipolar, que se enamora de un hombre carismático, quien acaba aprovechándose de su desventaja.

Galit Dahan Carlibach: "La literatura me abrió una ventana a un mundo más amplio y fascinante" en LITERATURA
La escritora israelí Galit Dahan Carlibach – © María Gilabert / Revista Casa Mediterráneo

En sus obras, ¿hace referencia al conflicto palestino-israelí?

No, le diré por qué. De antemano no sé sobre lo que voy a escribir. Me levanto por las mañanas y escucho algo en mi interior, la voz de mis personajes, que me conducen a las historias. Prefiero no abordar el conflicto palestino-israelí porque se ajusta a un cliché y tienes que tener un punto de vista muy fresco si quieres aportar algo distinto. Tengo en mente escribir sobre una chica palestina que se enamora de un palestino, con el ingrediente diferencial de que son vampiros (risas).

¿Cree que las sociedades occidentales llegan a entender este largo y complejo conflicto? 

No. La gente de otros países no conoce Israel, ni su historia. Los palestinos son muy buenos a la hora de transmitir sus dramas y los israelíes muy malos a la hora de explicar su situación. Mi familia es refugiada, procedente de Marruecos. Un millón de judíos emigró a Israel en los años 50 huyendo de Marruecos, Egipto, Irak… sin dinero, sin casa, sin nada. Mi padre nunca se quejó pese a tener el corazón roto. Ése es el espíritu de Israel. Si quieres mejorar, lo conseguirás por ti mismo, sin esperar a que alguien lo haga por ti.

En Israel, las mujeres, al igual que los hombres, están obligadas a hacer el servicio militar. ¿Esta experiencia influye de algún modo en la formación del carácter de la mujer israelí?

Los hombres tienen que hacer el servicio nacional durante 32 meses y las mujeres, 24. En Israel las mujeres son muy fuertes. Pero en estos momentos, tenemos un problema, debido a que hay una especie de histeria feminista. Muchas mujeres radicales quieren plena igualdad con los hombres en todos los rangos militares, lo que conlleva el riesgo de debilitar al Ejército, considerado uno de los mejores del mundo, ya que la diferencia biológica es un hecho. ¿Por qué el Ejército es una meta para las mujeres? Yo quiero la igualdad en todos los aspectos, en el ámbito laboral, como escritora… pero ¿para luchar?

¿Cómo es la vida en las grandes ciudades israelíes?

Jerusalén es un poco más ortodoxo que Tel Aviv, pero para mí es el mejor lugar para vivir. En Jerusalén siento que vivo junto a personas diferentes a mí. Es una ciudad muy grande, donde por las calles te cruzas con cristianos, armenios, musulmanes… Como escritora, si decido no sentirme israelí puedo hacerlo. Tel Aviv es bonito, pero joven, mientras que yo adoro todo lo antiguo, lo clásico.

Ha obtenido importantes premios literarios, como el Prime Minister’s Prize for Literature en 2014 y el ACUM Devora Omer Award en 2013. ¿Qué han supuesto en su carrera literaria? ¿Han logrado atraer a más lectores?

Como a todo el mundo, me complace mucho recibir premios, pero éstos no se han traducido en un incremento de lectores. Me sentí en shock cuando los recibí, porque nunca he hecho nada para ganar el favor de personas influyentes. Estos galardones tienen dotación económica, lo que significó un alivio para mi economía, ya que es difícil vivir de la literatura. De hecho ahora compagino mi labor literaria con la escritura de guiones para televisión.

No obstante, me gusta ver los premios como un bono, es decir, si los recibes, perfecto, si no, no pasa nada. Tengo amigos que son buenos escritores y nunca han recibido ninguno, a quienes les digo que no se desesperen, porque se trata tan solo de una decisión humana, subjetiva, que está en manos de la fortuna y en algunos casos depende de factores como el amiguismo. Este año también he sido candidata al Premio Sapire, comparable al Booker en Inglaterra, y aunque no lo he alcanzado, el hecho de llegar ahí ha sido muy gratificante.

A su vez, ha recibido becas para participar en programas internacionales de escritura en la Universidad de Iowa y en Shanghái. ¿Qué le han aportado esas estancias?

Fue increíble. Durante mi última semana en Iowa empecé a escribir una novela, que titulé “It’s me, Iowa”. Me quedé muy impresionada, porque América es otro mundo. Estados Unidos es un país de contrastes, donde conviven lo políticamente correcto, el racismo, la defensa a ultranza de los derechos de las mujeres, del uso de las armas… Por un lado, en Facebook y en Instagram la gente expone su intimidad, no existe la privacidad, y por otro, si te acercas a una casa a preguntar algo te pueden disparar sin previo aviso por invadir su intimidad. En Israel supuestamente somos una sociedad militarizada, pero en realidad, muy segura y solidaria. Si tienes un problema puedes pedir ayuda por la calle y todo el mundo estará encantado de ayudarte.

No obstante, disfruté mucho durante mi residencia en Estados Unidos, no por el hecho de visitar museos o monumentos, sino por el contacto con la gente. Una cosa que me llamó la atención fue que allí las personas no son directas. Durante las conferencias me hacían preguntas de veinte kilómetros y yo respondía con monosílabos, fue muy gracioso.

¿Cómo fue su experiencia en el programa de escritura de Shanghái?

Estuve exactamente hace un año y también fue como aterrizar en otro planeta. Allí conocí a la exitosa escritora española Vanessa Montfort, una persona encantadora, con la que enseguida congenié por nuestro temperamento y trabé una gran amistad. De hecho, estoy aquí gracias a su recomendación a Casa Mediterráneo para participar en esta residencia.

Durante su estancia en Alicante, ¿a qué se está dedicando? ¿Está captando inspiración para una próxima novela?

Esencialmente, estoy conociendo a personas como tú, captando la atmósfera del lugar y asistiendo a eventos sociales y oficiales. De hecho, ya me he embarcado en una nueva novela, que comencé en el mismo avión de ida a España.

¿Alguno de sus libros se ha traducido al español? 

No, sólo se han traducido al inglés algunos de mis relatos breves. En Israel el negocio de la traducción es muy duro, sólo se traducen temas populares, pero esto no supone ningún problema para mí. Además, mi propio idioma me permite realizar muchos juegos de palabras, de difícil traducción con fidelidad a otra lengua. No creo que un escritor deba lidiar con este asunto, lo dejo en manos de Dios, aunque sea secular.

Más información sobre Galit Dahan Carlibach, en la web de la autora