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Juan Eslava Galán: “El Museo del Prado es el álbum de familia de los Austrias y los Borbones”

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Juan Eslava Galán - © María Gilabert / Revista Casa Mediterráneo

La erudición, la sencillez, la cercanía y el fino sentido del humor sean quizás los rasgos que más llamen la atención cuando se conoce a Juan Eslava Galán, el reconocido escritor jienense galardonado con numerosos premios, entre ellos el Planeta. Fue precisamente este galardón, que recibió en 1987, el que le catapultó a la fama y le permitió dedicarse a la literatura, una labor que compaginó con su profesión como docente durante treinta años.

Eslava Galán es autor de una docena de novelas entre las que se encuentran ‘En Busca del Unicornio’ (Premio Planeta 1987 y Premio Chianti Rufino Enrico Fattore a su traducción italiana, Italia 1988),’ El comedido Hidalgo’ (Premio Ateneo de Sevilla 1994) y ‘Señorita’ (Premio Fernando Lara 1998 y Premio de la Crítica Andaluza 1998) o ‘Misterioso asesinato en casa de Cervantes’ (Premio Primavera de Novela 2015).

Entre sus ensayos destacan ‘Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie’ (2005), ‘Los años del miedo’ (2008), ‘El catolicismo explicado a las ovejas’ (2009), ‘De la alpargata al seiscientos ‘(2010), ‘Historia de España contada para escépticos’ (2010), ‘Homo erectus’ (2011), ‘La década que nos dejó sin aliento’ (2011), ‘Historia del mundo contada para escépticos’ (2012), ‘La primera guerra mundial contada para escépticos’ (2014), ‘La segunda guerra mundial contada para escépticos’ (2015), ‘Lujuria’ (2015), ‘La madre del cordero’ (2016) y, junto con su hija Diana, el recetario comentado ‘Cocina sin tonterías’ (2013, Premio Gourmand).

En su último libro, ‘La familia del Prado. Un paseo desenfadado y sorprendente por el museo de los Austrias y los Borbones’ (Planeta 2018), Eslava Galán rinde su particular homenaje a la pinacoteca más importante del mundo en su 200 aniversario. El autor participó el pasado 30 de enero en un encuentro en Casa Mediterráneo dentro del ciclo ‘Escritores y el Mediterráneo’ ante un numeroso y entregado público.

Su libro ‘La familia del Prado’ tiene grandes dosis de humor y erudición con una orientación didáctica, ya que hace un recorrido por los cuadros del museo explicándoselos a una de sus nietas. ¿Por qué ha escogido esta fórmula?

La fórmula me la dio precisamente mi nieta. Yo pertenezco a los Amigos del Museo y soy muy aficionado al Prado. Tengo una nieta en Alicante que ahora tiene siete años y con tan solo cuatro días de vida la inscribí como Amiga del Museo del Prado. Cuando viene a Madrid, desde que era muy chiquitita, la llevo a visitar el museo con su carné en la mano. Hace unos dos años, en una de nuestras visitas, le estaba enseñando la sala de Velázquez y explicándole quién era la princesa Margarita, la Menina, su papá y su mamá, y mi nieta me dijo: “Entonces, abuelo, esto es como un álbum de familia”. Es verdad, el Museo del Prado es muchas cosas, pero entre otras el álbum de familia de los Austrias y los Borbones, están allí todos representados. Así que me dio la idea.

Y cuando le enseñaba el toisón, que aparece reiteradamente sobre muchos reyes, y le decía que era la piel de un carnero, ante su extrañeza le tuve que explicar que en los pueblos mediterráneos, antiguamente la zalea, que era la piel de la oveja o del carnero, servía para abrigarse. Yo eso lo he conocido, soy de familia de agrícola, y mi nieta alucinaba. Le conté la historia del toisón de oro, de los argonautas que van a buscar el Vellocino, y le encantó. Todo eso lo he incluido también en el libro.

Juan Eslava Galán: "El Museo del Prado es el álbum de familia de los Austrias y los Borbones" en LITERATURA
Encuentro con Juan Eslava Galán en Casa Mediterráneo, moderado por Marina Vicente – © María Gilabert / Casa Mediterráneo

La obra ofrece un sinfín de detalles para que los visitantes del Prado puedan apreciar mucho más el contenido de los cuadros.

Así es. Por ejemplo, ¿por qué visten tan de negro los Austrias? En el libro explico que tenían el palo campeche, una madera que servía para teñir de negro, algo que no existía en Europa. Con los procedimientos que había, al lavar la ropa el negro se desteñía. De pronto llegó el palo campeche que era definitivo y supuso una revolución en la industria química.

Un denominador común a las pinturas del Prado es que los rostros de las familias reales son hieráticos, casi nunca muestran la sonrisa. ¿Cuál es la razón?

Ante el pintor, prácticamente hasta finales del siglo XVIII, no empiezan a hacerse retratos de compañía, donde se ven escenas familiares. El retrato tiene que expresar quién es la persona, y si esa persona es un rey o un emperador tiene que mostrar una pose hierática, como los faraones, porque es la representación del poder, y por eso van vestidos con trajes tan lujosos. La gente sólo conocía a los monarcas por los retratos que había en algunos edificios oficiales o por las monedas.

La obra, sin dejar de lado el contexto político, se centra en el aspecto personal, cotidiano e incluso íntimo de los reyes. Desvélenos alguna curiosidad.

Me he basado mucho en la correspondencia de los embajadores porque, obviamente, lo que los cronistas españoles escribían de la Casa Real era adulador. Pero cuando acudes a la correspondencia de algunos viajeros o embajadores, sobre todo los venecianos, que eran unos chismosos y contaban todos los chismes de la Corte, hay curiosidades infinitas. Por citar una: Carlos I de España (Carlos V), estaba muy enamorado de su mujer, Isabel de Portugal y cuando se quedó viudo ningún retrato de ella le satisfacía, entonces le pidió a Tiziano, el mejor pintor de la época, que hiciera un retrato de su esposa para llevarlo consigo.

Tiziano la pintó de perfil porque seguramente sacó el modelo de las medallas y no le acabó de gustar al rey, que le pidió que corrigiera la nariz. Entonces, el retrato que hay en El Prado tiene la nariz perfectamente recta, una nariz griega clásica. Pero al lado se encuentra el retrato ‘La Gloria’, que también el monarca le encargó a Tiziano, para que representara cuando estuviera muerto cómo se presentaría ante la trinidad divina para el juicio final, con un sudario blanco, junto a su hijo Felipe II, su mujer, su hermana… toda la familia. Ahí su mujer está de perfil, con su verdadera nariz, bellísima como era, pero ligeramente aguileña.

El libro está lleno de detalles curiosos, como que algunos reyes tenían colecciones secretas de pinturas eróticas y que había mucha ignorancia entre los médicos.

Entonces ser pobre era una ventaja frente a la ciencia médica. Al médico había que pagarlo y el pobre no podía. Si eras rico, como el médico no entendiera lo que tenías, y no entendían nunca nada -la medicina prácticamente no ha evolucionado hasta el siglo XIX- te recetaban sangrías, que a veces consistían en que el barbero te abriera una vena y te sacaba un litro de sangre tranquilamente, otras veces te aplicaban sanguijuelas… En cualquier caso te debilitaban aún más y de vez en cuando mataban a la gente.

Sus páginas hablan también de la endogamia de los Austrias, cuyos matrimonios con parientes trajeron consigo secuelas físicas, apreciables en los cuadros, y también psicológicas. 

Efectivamente, no hay más que ver cómo van degenerando y eso que, ten en cuenta, que el pintor siempre intenta favorecer al modelo. Pero cuando llega a Carlos II había poco que favorecer, fue un engendro, ya ves cómo acabó la dinastía, debido a los casamientos. Y claro, también es una casta de locos que viene ya de la Edad Media, desde los Trastámaras, una dinastía que desapareció, la última fue Juan la loca. Los trastámaras eran una casta de locos, cuya locura transmitieron a los Austrias.

Sobre Juana la Loca usted dice que no estaba tan loca y que su padre, Fernando el Católico, su esposo y su hijo se aprovecharon de su estado para reinar en su nombre y las circunstancias que la rodearon acentuaron sus desequilibrios.

La vuelven loca. Es una víctima. Es curioso, ahora que vivimos un momento de auge del feminismo, afortunadamente, vemos casos sangrantes de explotación o negación de la mujer en la historia, y el caso de Juana la Loca es típico. De ella abusan primero el marido, después del padre y luego el hijo. Los tres la tienen por loca, cuando ella es la reina, la que hereda Castilla de la madre. El marido la manipula todo lo que puede y los celos que ella tenía eran fundados porque la cornificaba sistemáticamente.

Cuando muere el marido, muy joven, quizás asesinado por el suegro, Fernando el Católico, con quien se llevaba muy mal, entonces es él quien manipula a la hija. Y finalmente su hijo, Carlos V. Juana es una mujer desventurada y además algunos historiadores sospechan que podría ser luterana o librepensadora, porque ella pasaba de comulgar y de rezar el rosario todos los días, tenía un pensamiento propio, era una chica culta, debido a que su madre Isabel la Católica se preocupó de ofrecer cultura a sus hijas en un tiempo en el que esto no ocurría. Es una figura que deberíamos rescatar y no simplemente ponerle la etiqueta de loca.

Uno de los muchos datos que me ha sorprendido es que Felipe IV, Conde Duque de Olivares, uno de los hombres más poderosos de la historia de España, era un obseso sexual que llegó a tener 37 hijos ilegítimos y 11 reconocidos.

No estamos seguros del número, pero sí de que tuvo por encima de cuarenta hijos. Este tipo que era un cañón giratorio, sólo servía para asaltar mujeres, porque el gobierno lo había dejado en manos de otros. Sin embargo, su padre, Felipe III, aunque tampoco trabajaba era un beato.

Algunos cuadros de Velázquez muestran las desigualdades sociales de la época y la imposibilidad de escapar a un destino marcado por la clase en la que se naciera.

Efectivamente. Velázquez tiene una peculiaridad, es un sevillano frío, muy inteligente y perspicaz, como Aleixandre, Cernuda, Machado… Como está en la Corte tiene que retratar a la familia real, pero cuando pinta a los bufones los refleja con la misma dignidad que a los reyes. Y cuando pinta a la gente del pueblo, como a las hilanderas, siempre las trata con una tremenda dignidad. No adula a los reyes, sino que pinta lo que ve. Por eso vemos en sus pinturas que el Rey no tiene una gran personalidad. Otro que hace lo mismo es Goya, que no tiene piedad alguna. Si eres imbécil, Goya te pinta imbécil aunque seas rey.

Precisamente, ¿qué imagen transmite Goya de los monarcas retratados en ‘La familia de Carlos IV’?

La imagen es lamentable. Uno llega a preguntarse cómo España podía estar en manos de esta gente. Así nos fue.

El recorrido por el museo se cierra con el cuadro de Antonio López de la familia del Rey Don Juan Carlos I, cuyos miembros aparecen vestidos de calle por expreso deseo del monarca, pero estratégicamente colocados. ¿Qué nos dice esta obra de la familia real?

Se trata de un cuadro que no está en el Museo del Prado, sino en el Palacio Real, aunque en el futuro llegará a estarlo, ya que es muy merecedor, es fastuoso. Salen vestidos de calle porque el Rey quería apartarse de las solemnidades, pero lo interesante de ese cuadro, aparte de su valor artístico, es su introspección psicológica, una maravilla. Cómo Antonio López, un pintor de apariencia extremadamente sencilla, ha captado la psicología de la familia y la relación entre los personajes, con una moldura que baja del techo y separa netamente a los dos grupos, es fantástico.

La obtención del Premio Planeta en 1987, ¿supuso un antes y un después en su carrera como escritor?

Sin duda alguna. Yo era muy amigo de Terenci Moix y él me decía que el Premio Planeta al que más había beneficiado de todos los ganadores era a él y yo le respondía que no, que a mí, porque me cambió la vida por completo.

Más información, en la web de Juan Eslava Galán