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Kristina Cetkovic: “La comunidad LGTB no se siente orgullosa en Montenegro”

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Kristina Cetkovic - © María Gilabert / Revista Casa Mediterráneo

La periodista Kristina Cetkovic es la artífice de la primera novela lésbica de Montenegro, que firma bajo el seudónimo Keti Radosevic. Su nombre no lo oculta por temor a represalias en un país fuertemente patriarcal y conservador, sino para reivindicar la identidad de las mujeres, que pierden su apellido al casarse y sufren diversos tipos de opresión a lo largo de su vida.

Cetkovic nació en 1981 en Bar, una ciudad costera de Montenegro. Estudió en la Facultad de Ciencias Políticas en Podgorica, capital del país, donde actualmente reside. Su curiosidad innata la llevó al mundo del periodismo para intentar dar respuesta a las múltiples preguntas que asaltaban su pensamiento y su alma. Sus primeros artículos se plasmaron en la publicación estudiantil “Tragom”, en la sección “Universidades” del portal VICE Serbia y la edición montenegrina de la revista LGTB “Optimist”. Actualmente, escribe la columna “Fuera de las cuatro paredes” en el Diario de la Libertad.

Además de su faceta periodística y literaria, Kristina participa activamente en el sector de las organizaciones no gubernamentales. Fue una de las fundadoras de la asociación sPas, de defensa de los animales, y en la actualidad coordina el programa de medios de la Fundación Alianza Civil en Podgorica, enfocada a temas de buen gobierno, estado de derecho y comunicación. Durante el mes de diciembre Kristina Cetkovic se encuentra en Alicante invitada por Casa Mediterráneo para participar en su Residencia de Escritoras del Mediterráneo. 

Junto a la escritora bosnia Lejla Kalamujic, Cetkovic intervendrá en un encuentro el martes 18 de diciembre a las 19:30 h en la sede de la institución diplomática abierto a cualquier persona interesada en conocer la realidad social de los Balcanes tras la cruenta guerra que devastó la región.

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Usted es la autora de la primera novela de temática lésbica en Montenegro, titulada “Entre tus cuatro paredes”. ¿Por qué ese título?

Es la frase que se le suele decir a las personas del colectivo LGTB: de acuerdo, no tenemos nada en contra, pero vuestro amor debe quedarse entre cuatro paredes.

¿Cómo fue acogido el libro entre los lectores?

Envié mi novela a muchos editores y cuando leían la sinopsis todos me respondían que estaban muy ocupados. Nadie quiso ocuparse de una historia de una mujer lesbiana y además prostituta. Tuve que autopublicarla. Lo que más me satisface es cuando los lectores, ya sean heterosexuales u homosexuales, me dicen que se identifican con el personaje principal. La protagonista, más allá de ser lesbiana, es una mujer que vive en Montenegro y a pesar de ser brillante en sus estudios universitarios no encuentra trabajo al no pertenecer a ningún partido. En mi país si quieres tener éxito tienes que formar parte de alguna fuerza política, mejor si es la que gobierna. Si eres independiente no habrá forma de que accedas a un empleo, ni público ni privado. El éxito de la novela radica en que refleja los asuntos que afectan a la vida cotidiana de la población montenegrina.

¿Por qué firma sus libros bajo un seudónimo? ¿Y por qué el nombre de Keti Radosevic?

En mi libro muestro las diferentes identidades de uno mismo. Ahora en Montenegro el tema principal del debate es la identidad. Creo que es un error porque construimos nuestra identidad contra la de los otros, y quiero mostrar que todos tenemos más de una. Teodora, la protagonista, no es sólo una chica lesbiana, sino que además es una buena estudiante, una mujer, entre otras muchas cosas. Por esa razón yo también quise asumir mis otras identidades.

Kati es el apodo que un profesor me puso en el colegio. Fue una persona que me marcó, porque me animó a escribir. Y Radosevic es el apellido de mi madre. En Montenegro cuando una mujer se casa adopta el apellido de su marido, que pasa a los hijos. Para mí fue una forma de reivindicar la figura de mi madre, la parte femenina que la sociedad no reconoce. En Montenegro, las mujeres siempre pertenecen a alguien, ya sea el padre o el marido, algo con lo que no estoy en absoluto de acuerdo, por eso reafirmo mis otras identidades frente a la opresión de la sociedad.

Si en Montenegro una mujer decide no casarse, ¿está mal vista en la sociedad?

Sí. Hay una expresión peyorativa para denominar a las mujeres que no se casan. En Montenegro subsiste un duro sistema patriarcal. Por ejemplo, actualmente se producen muchos más nacimientos de niños que de niñas. Debido a la presión de las familias y de la sociedad, muchas mujeres practican abortos selectivos. Nadie lo reconoce pero es una realidad.

¿Cuál es la situación del colectivo LGTB en su país? 

Todos los años celebramos el Día del Orgullo Gay. Yo formaba parte del comité organizador, pero lo dejé hace dos años. Tan solo el 10% de la comunidad gay lo reconoce abiertamente, aunque hay muchos homosexuales casados que ofrecen una imagen pública de aparente normalidad. La gente tiene miedo de perder su trabajo y su familia.

Por ejemplo, uno de los organizadores del desfile del Día del Orgullo en la ciudad de Budva tuvo que huir y pedir asilo en Canadá porque las calles del país se llenaron de carteles con su esquela y recibió amenazas a través de Facebook. Hace unos meses una chica lesbiana fue golpeada por su padre debido a su homosexualidad y cuando tuvo que declarar ante la policía no quiso decir la verdadera razón de la agresión. Los miembros de la comunidad LGTB no se sienten orgullosos de su condición en Montenegro. El pensamiento más extendido es: “Vive tu vida, pero no se lo cuentes a nadie”.

¿La guerra de la antigua Yugoslavia qué efecto tuvo en Montenegro?

Como activista de derechos humanos estoy trabajando en la Fundación Alianza Civil, centrada en resolver asuntos relacionados con el pasado. Hace unos años pasamos un cuestionario a estudiantes universitarios y la mayoría desconocía que Montenegro había participado en la guerra. Montenegro bombardeó la vecina ciudad de Dubrovnic (en Croacia), aunque nadie lo reconoce. En el tren que une Bar con Belgrado, el Ejército serbio detuvo a pasajeros musulmanes y nadie sabe lo que les ocurrió. Incluso en el mismo territorio de Montenegro hubo un campo de concentración. El actual gobierno tiene conexiones con personas que fueron responsables de crímenes de guerra. La Fundación Alianza Civil pretende que el país reconozca su parte de responsabilidad en la guerra.