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Víctor del Árbol: “Siempre he entendido la literatura como una reflexión profunda sobre la condición humana”

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Víctor del Árbol - © María Gilabert / Revista Casa Mediterráneo

Aunque en España ha pasado en cierto modo desapercibido, el escritor Víctor Del Árbol (Barcelona, 1968) fue recientemente distinguido con la Medalla de Caballero de las Letras y las Artes de la Academia Francesa por su contribución al enriquecimiento de las letras galas, su aportación a la literatura española y su difusión en el país vecino, donde goza de enorme popularidad con más de 400.000 lectores. Un éxito que allí comenzó con su novela ‘La tristeza del samurai’, ganadora del Prix du Polar Européen 2012, traducida a una decena de idiomas y best seller en Francia.

Antes de alcanzar la fama literaria, Víctor del Árbol fue Mosso d’Escuadra entre 1992 y 2012, estudió Historia en la Universitat de Barcelona y colaboró como locutor en Catalunya Sense Barreres (Radio Estel, Once). Entre sus novelas se encuentran ‘El peso de los muertos’ (Ed. Castalia, Premio Tios de Novela 2006), ‘El abismo de los sueños’ (finalista del Premio Fernando Lara 2008) y ‘La tristeza del samurai’ (Ed. Alrevés, 2012).

Sus obras, consideradas grandes exponentes del género negro actual, han seguido cosechando premios: ‘Respirar por la herida’ (Ed. Alrevés, finalista en el Festival Internacional de Cine Negro de Beaune 2014 a la mejor novela extranjera), ‘Un millón de gotas’ (Ed. Destino, ganadora del Grand Prix de Littérature Policière en 2015), ‘La víspera de casi todo’ (Premio Nadal 2016) y ‘Por encima de la lluvia’ (Ed. Destino, 2018).

Víctor del Árbol participó el pasado 19 de diciembre en el ciclo ‘Escritores y el Mediterráneo’, que organiza Casa Mediterráneo, para hablar sobre sus textos, que más allá de tejer tramas entretenidas atrapan al lector por la profundidad de los personajes, sus temas trascendentes y su belleza estilística.

En sus novelas siempre está muy presente el factor humano. Su último libro ‘Por encima de la lluvia’ ¿qué elementos contiene para atraer al lector?

La vivencia. Es una novela de la experiencia, no una ficción pura en el sentido de exponer una serie de anécdotas que cuentan algo para entretener al lector, sino que en realidad lo que hago con esta historia es plantear una reflexión sobre el valor de la memoria. Para mí, la trama en todas mis obras, aunque se me suela considerar un autor de novela negra, es una forma de atraer la atención del lector para tratar temas mucho más importantes. Y en el caso de ‘Por encima de la lluvia’, me interesaba profundizar en cómo construimos la memoria. Soy un escritor que piensa mucho en el pasado. Para mí, el pasado, los recuerdos y la forma que tenemos de recordar son fundamentales en la construcción de la identidad.

He elegido a dos sujetos que a priori pensaba que podrían ejemplificar muy bien el valor de la memoria, dos personas mayores que supuestamente han vivido todo lo que tenían que vivir. Pero a medida que vas avanzando en la novela te das cuenta de que no te estoy hablando de la vejez, ni de las peripecias que les suceden a estos dos abueletes en esta road movie por España. En realidad, lo que estoy contando es que conforme vamos creciendo necesitamos crear nuestra propia mitología, construir nuestro pasado como si fuera una novela que nos explica quiénes somos.

En esa historia, como pasa en la realidad, hay cosas que son verdad, otras que son mentira y otras que son desiderativas. Hay hechos que nos hubiera gustado que pasaran pero que no pasan. Muchas veces llegamos a la edad de Miguel y de Helena, en torno a los 75 y los 80 años, creyendo que sabemos quiénes somos y de repente nos paso algo en la vida que nos quita la venda de los ojos y toda esa mitología que habíamos construido sobre quiénes somos se viene abajo. De pronto, con 80 años, te ves desnudo como un niño de cinco y tienes que volver a construirte otra vez.

Sus obras recrean hechos históricos, ¿en ésta qué época retrata?

Víctor del Árbol: "Siempre he entendido la literatura como una reflexión profunda sobre la condición humana" en DESTACADOS LITERATURA La época de la construcción del Valle de los Caídos. Es curioso porque ahora se ha vuelto a poner de moda con las noticias sobre la exhumación de los restos de Franco, pero lo cierto es que llevo escribiendo muchas novelas que han reflexionado sobre la memoria histórica y colectiva y para mí el Valle de los Caídos siempre ha simbolizado esa memoria fosilizada con la que no sabemos muy bien qué hacer. Es como un dinosaurio que está ahí, pretérito, que simboliza unas cicatrices y unas heridas que nunca se acaban de cerrar.

Es una novela que también trata sobre la mitología colectiva. El Valle de los Caídos, y la manera en que se construyó, representa un discurso histórico que durante mucho tiempo fue hegemónico y borró el resto de discursos. El trabajo del escritor, desde mi punto de vista, sin hacer novelas panfletarias ni políticas, lo que tiene que intentar es de recuperar esas voces o esas memorias olvidadas y contrastarlas con las versiones oficiales. El Valle de los Caídos es un símbolo de ese tipo de conflicto que tenemos con nuestra memoria colectiva.

Recientemente el Ministerio de Cultura de Francia le ha concedido la Medalla de Caballero de las Artes y de las Letras de la Academia Francesa. ¿Qué significó para usted este importante reconocimiento?

En mi corta vida como escritor es el reconocimiento que más me ha emocionado. En España no ha alcanzado demasiada trascendencia y de cara a los lectores carece de la importancia que puede haber tenido el Premio Nadal, pero a nivel personal ha sido muy importante porque justifica lo que yo entiendo que es ser un escritor. Soy una persona muy europeísta y humanista. Siempre he creído en el proyecto europeo, desde jovencito, y el hecho de que el Gobierno francés, con todo lo que representa todavía la cultura gala en el acervo común, te reconozca como Caballero de las Artes y las Letras, de alguna manera respalda el trabajo que realizas.

El argumento que me dieron en la Academia fue reconocer mi obra como un puente entre dos culturas, entre España y Francia, dos sociedades curiosamente hermanadas por la historia, con un pasado común, que durante mucho tiempo han vivido de espaldas por culpa de los prejuicios. Esa posibilidad de hacer de enlace entre dos pueblos vitales, europeos y que basan su génesis social en la cultura para mí ha sido trascendental y me reafirma en que ése es el camino que tengo que seguir.

¿La literatura contribuye a derribar prejuicios? 

Por supuesto.

¿Persiste cierto chovinismo entre los franceses hacia los españoles?

No. Te contesto con otra pregunta: ¿Qué concepto teníamos de nosotros mismos hace treinta o cuarenta años? Pensábamos que éramos el vagón de Europa, que África empezaba en los Pirineos… Nosotros mismos hemos contribuido durante mucho tiempo, por culpa del aislamiento, a esa idea de que los europeos eran los otros. Una de las cosas que le debemos a la democracia, y que con los años espero que se valore lo suficiente, es precisamente habernos incorporado a ese universo europeo, formar parte de Europa con pleno derecho.

Sobre los temas que suelo tratar en mis novelas, la retirada, la guerra civil española, la posguerra, la dictadura.., en Francia suele haber un interés mucho más incisivo que en España. ¿Por qué? Porque la guerra civil española y el Franquismo suponen el avance de la II Guerra Mundial y porque a partir de 1939 va a producirse un flujo muy importante de españoles que se exilian a Francia y mantienen esa idea de una España romántica, un poco idealizada, que ha ido perdurando de generación en generación. Luego, por otra parte, hay un cambio evolutivo que llega con el cine, con la música y con el arte, que realmente ha dado un salto cualitativo muy importante a partir de la crisis económica.

Aunque la gente aquí no se lo crea, en Francia nos perciben como una sociedad muy dinámica, porque hemos afrontado una crisis con una revolución “política”. La irrupción de Podemos, el 11 M, los indignados… que ahora está pasando en cierto modo allí con les gilets jaunes (los chalecos amarillos) les ha llamado mucho la atención, así como temas como la ley sobre los matrimonios del mismo sexo. Esos prejuicios que tenían sobre España como una sociedad recalcitrante, católica y resignada se han ido cayendo con los años. Y en muchos sentidos se fijan en nosotros.

¿Cómo explica el éxito de lectores que ha alcanzado en Francia? 

Tuve la suerte de publicar la novela ‘La tristeza del samurai’ con una importante editorial en Francia, Actes Sud, que cuida mucho el estilo literario. En 2012 recibió un galardón bastante importante, el premio a la mejor novela negra europea (Prix du Polar Européen), y a partir de ahí se produjo esa magia que a veces se da. Además, soy una persona muy francófona. La cultura francesa, sobre todo en lo referente a los escritores, me ha atraído mucho. Mi escritor de referencia es Albert Camus y siempre he entendido esa manera de hacer literatura consistente en ir a lo humano, más allá de lo anecdótico, hacer una reflexión profunda sobre nuestra condición… algo muy característico de la literatura francesa.

Un día un amigo periodista de Le Monde me dijo que yo era un escritor francés, lo que pasa es que no lo sabía. Yo le respondí que no, que yo era un escritor español pero que comparte en cierto sentido esa sensibilidad por lo poco evidente que les gusta tanto a los franceses, el subtexto, que no sólo busca el entretenimiento, sino que invita a debatir aunque no estés de acuerdo. Se ha dado esa concatenación de hechos. Y luego los franceses tienen un cualidad interesante: su cultura no es refractaria, es decir, no tienen ningún problema en absorber lo que les enriquece, lo incorporan a su acervo con una naturalidad que a veces aquí yo echo en falta.

¿Cómo acaba un Mosso d’Escuadra dedicándose al mundo de la literatura?

El Mosso d’Escuadra fue algo accidental que me encontré en el camino y el escritor siempre estuvo ahí. Trabajé como policía durante 20 años y fue una experiencia muy enriquecedora a nivel personal, pero lo cierto es que escribo desde que soy un crío y mi vocación siempre fue la de ser escritor a tiempo completo; incluso estando en el cuerpo publiqué mis dos primeras novelas. Uno sueña y desea y el destino decide. Nunca imaginé que algún día conseguiría alcanzar ese sueño, pero a veces para cumplir los sueños hay que atreverse a dar el salto y yo en su momento decidí darlo, cuando todavía no era un escritor conocido ni consolidado. Di un giro a mi vida y opté por dedicarme a lo que realmente me apasiona, que es la escritura.

¿Un escritor lo es todo el tiempo?

Yo no trabajo a tiempo parcial. Recuerdo una frase de José Luis Sampedro que decía que él no vivía como un escritor, sino que él era escritor. Eso presupone que no trabajas en un horario de oficina, no le dedicas unas horas y luego desconectas. Tu sensibilidad, tu mirada, tu reflexión… todo gira en torno a lo que haces, por lo tanto eres escritor las 24 horas del día, los 365 días del año, y eso significa que hay épocas en las que puedes estar escribiendo 10, 12 ó 14 horas diarias, pero para ti no es un trabajo, es una pasión. Ganas una serie de cosas y pierdes otras.

Cuando decides dedicarte a algo tan prosaico como la literatura, con nada seguro, que nunca sabes qué va a ser lo siguiente que vas a hacer, cómo va a salir, si vas a estar inspirado, si los lectores se van a cansar de ti, si vas a tener reconocimiento o no… Eso te obliga a vivir en el filo de navaja y tienes que tener un carácter muy especial. Tienes que ser una persona dispuesta a asumir retos y riesgos, a caerte y a seguir sin quejarte.

¿Tiene algún nuevo proyecto literario en marcha?

Sí, hace dos años empecé a escribir una novela sobre la infancia. Me he ido al polo opuesto de ‘Por encima de la lluvia’. En esta ocasión he querido elegir a un niño y llevármelo a Uganda, alejarlo de la cultura occidental, de lo que entendemos como valores reinantes, y plantear una dicotomía: cómo afronta un niño, desde la inocencia, la maldad y el desconcierto de ver a su lado una violencia inexplicable. La reflexión a la que he llegado es que los niños en general son mucho más fuertes que los adultos, tienen una capacidad de reabsorber lo que les pasa y de rearmarse que cuando nos hacemos adultos perdemos. Sobre todo porque los niños tardan mucho tiempo en perder el coraje, mientras que los adultos lo perdemos muy rápido.

Estoy trabajando en ese proyecto, que está basado en un hecho real, en una de las guerrillas que operaron en los años 90 y 2000 en Uganda, la Lord’s Army (el Ejército de Resistencia del Señor) de Joseph Kony, que se alimentaba básicamente de niños soldado, aunque no es la típica novela de esta temática. Pero sí está ambientada en ese episodio especialmente cruel, porque en los años en que esa guerrilla operó en África Oriental llegó a reclutar a 100.000 chicos. Algunos de ellos acabaron convirtiéndose en lugartenientes de Kony y más tarde fueron encausados y juzgados como criminales de guerra por el Tribunal de la Haya. Es cierto que lo son, pero también lo es que en algún momento de sus vidas fueron víctimas al ser secuestrados. Eso me planteaba una dicotomía moral y ética que quería afrontar con una novela que saldrá a mediados o finales del año que viene.

Los personajes femeninos suelen tener un papel destacado en sus novelas. ¿Cómo ha evolucionado el rol de la mujer en la sociedad española desde los años 30 hasta nuestros días?

Este tema me parece muy importante, pero no porque esté de moda, no porque haya que reivindicar el papel de la mujer frente a una sociedad patriarcal como la nuestra. Eso es evidente y está ahí. Lo que a mí me interesa es reivindicar el papel de la mujer desde la invisibilidad hasta este momento en el que está luchando por ser visible en igualdad de derechos. Ese fenómeno que hoy en día estamos viviendo, de movilización, no sólo en España sino en en todo el mundo, viene de muy lejos. En el caso español, tiene su origen en una situación en la que la mujer no era considerada individuo como sujeto sino como objeto de pertenencia, y cómo dentro de esa sociedad enclaustrada tuvo que encontrar mecanismos de supervivencia y de preeminencia.

Qué rol jugaban las mujeres en los años 20, 30, 40 y 50 para sobreponerse a un mundo machista, patriarcal y que las condenaba a la invisibilidad. Qué estrategias como madres, como profesionales han ido elaborando hasta llegar a este punto en el que ya se puede visibilizar una reivindicación que no sólo es lícita, sino que no debería de darse porque tendría que estar asumida por la sociedad. Esas estrategias, que en el caso de los hombres son más evidentes, en el caso de las mujeres han sido mucho más dificultosas. Con lo cual, y entiéndeme bien lo que te voy a decir, su papel ha sido mucho más heroico. Pero quiero dejar claro que nadie es héroe por pura voluntad, sólo los necios lo son por vocación. La gente a lo que aspira es a poder desarrollar su vida con normalidad sin necesidad de actos heroicos, pero las mujeres de mis novelas, por las circunstancias en las que han tenido que evolucionar socialmente están obligadas a ser heroicas.